Te veo que decís cosas
me veo en las cosas que decís
me veo porque no estoy en ninguna
no sé como hacer para estar en tus cosas
quiero que me digas
miércoles, 6 de febrero de 2013
sábado, 2 de febrero de 2013
Tostadas light y cuando alguien se sabe tu nombre.
Habían pasado como tres o cuatro días. O, no sé, quizás una semana, dos días, veinticinco. No sabía muy bien qué día era pero me pareció que era hora de volver a comer. Nunca me había pasado eso de no querer comer cuando me ponía triste. Pero es que esta vez no estaba triste, estaba más bien como muerta, como un sobre de sal usado; no está del todo vacío pero está roto y la sal que le queda va a ir a parar a la basura.
Tampoco sabía qué hora era, pero supuse que no podían ser más de las 11 de la mañana. El sol no estaba tan alto en el cielo, y aunque hacía días que no miraba un reloj todavía tenía el poder de diferenciar día y noche. No hacía mucho había sido de noche. Lo sabía porque no había podido dormir casi nada. Mientras llorás, si llorás muy fuerte y tenés ganas de seguir llorando no te podés dormir.
Lo mejor era ir a comprar algo para desayunar, lo que fuera. De repente tenía un hambre que podía atravesar paredes y comerse hasta las nubes que no había en el cielo esa mañana. Lo que seguro no pensaba hacer era vestirme. Era otoño y, la verdad, no hacía frío pero me puse la primer campera que encontré, y salí con la ropa que tenía puesta hacía ya más de un día. Por suerte el chino está a media cuadra, no te cruzás a nadie en media cuadra.
El supermercado chino de la esquina seguía tan horrible como siempre. El tipo de la caja con la uña del meñique larga, nunca quise ni imaginar en dónde mete esa uña amarillenta. Los pisos mal lavados, las góndolas con los productos medio, del todo, desordenados. El carnicero con la heladera-mostrador semi vacía, con los cuchillos en la mano, esperando que alguien le fuera a comprar aunque sea un cuarto de carne picada. Toda esa gente me conoce porque voy siempre a comprar ahí, pero me pareció una gran idea ignorar los saludos de todos y concentrarme en mi desayuno. Pensé en comprar cereal, pero me paré frente a los cereales y casi me largo a llorar de nuevo cuando vi los que él siempre compraba. Después pasé por las heladeras y sentí que me dolían los huesos cuando vi el yogur de frutilla y todos los tipos de quesos que vendían, porque él también tenía ese hábito horrible de mezclar cualquier cosa y solía desayunar yogur con un sandwich de queso y lo que encontrara para ponerle. La verdad que eso me parecía casi tan asqueroso como las uñas largas del chino de la caja, pero era mucho más lindo verlo comer que decirle que sus combinaciones alimenticias eran una porquería. A mi siempre me gustaba mirarlo haciendo cosas. Comiendo, mirando la tele, haciendo no sé qué en la computadora, mientras elegía qué ropa ponerse, cuando intentaba rascarse la espalda. Era como una enfermedad lo que tenía, porque el 99% de las veces era un tipo muy poco interesante, pero aún así no podía dejar de mirarlo. Y ahora me pasaba que salía hasta la esquina y lo veía en todas las cosas que quería comprar; porque también era fanático del pan lactal, aunque es un pan de mierda. Le gustaban todas cosas de mierda, y a mi me gustaba todo lo que le gustaba porque yo también era una pelotuda cuando estaba con él. Al final terminé comprando unas tostadas light de esas que ya vienen hechas y son como comer cartón, porque lo único que no le gustaba era la comida de dieta. Iba a untarlas con ese queso crema horrible que tenía en la heladera desde no sé cuándo. Total, de última, de algo hay que morir.
Agarré también comida como para preparar almuerzo y cena, nunca sabés cuanto puede durar el pico de ganas de vivir después de días enteros de depresión extrema e injustificada. Abajo de la campera todavía tenía el pijama, y no me había peinado para salir a la calle. El chino me miraba raro mientras iba pasando todo lo que iba a llevar. A mi la verdad me importó un cuerno, porque por lo menos yo no tenía una uña larga y amarilla como la suya; si pasaba por la ducha y me calzaba cualquier vestido, ya parecía una persona decente de nuevo.
Pagué con unos billetes arrugados que había encontrado hechos un bollo arriba de la mesa en la cocina. Tuve que usar unas monedas que estaban en el bolsillo de la campera porque sino no me alcanzaba, siempre me olvido de salir con plata suficiente. Para esa altura la mirada del chino me había puesto un poco nerviosa y lo único que quería era irme de nuevo a mi casa donde nadie me miraba, para untar las tostadas lejos de cualquier uña larga oriental.
Salí tan apurada y pensando en cualquier cosa que no vi que justo entraba alguien. Lo choqué con ganas y se me cayó al piso la bolsa, y un poco también la dignidad que me quedaba, que se escondía abajo de mi campera. Era mi vecino, ese que creo que vive en el piso de abajo, en el sexto. Siempre me lo cruzo en el ascensor pero nunca me animé a hablarle, porque antes solo tenía cosas estúpidas para decir. No me importaba el clima, la política, o el amor entre los famosos de turno que pasaban por televisión. Estaba ocupada mirando las cosas que él hacía; no mi vecino, digo el tarado de mi ex. Tenía ganas de comerme en cinco minutos todo lo que había comprado porque ahora me parecía realmente estúpido haber pasado días sin comer tirada en el piso, inmovil, pensando en porqué a mi y llorando con películas románticas y dramas.
A todo esto, seguía levantando las cosas de la bolsa sin atreverme a mirar al del 6°, porque estaba toda sucia y había comprado tostadas light. Me fui muy rápido a mi casa, arrepentidísima de haber salido en pijama, no hacía falta. A nadie le interesaba mi estúpida depresión.
Ya fue, al rato me había olvidado, y el queso crema no estaba tan mal. Seguía untando las tostadas mientras buscaba algo para ver en la tele, no encontraba nada porque los sábados la tele es una mierda. Gracias a la tele había descubierto que era sábado, así que no tenía que encontrar una excusa para faltar de nuevo a trabajar. Mientras untaba la tercer tostada, pensando que aunque eran una porquería estaba muy bien volver a comer, sonó el timbre. No el de la puerta de calle sino el de arriba. Nadie tocaba ese timbre nunca, porque no conocía gente en todo el edificio. Cuando salí a mirar quién era no vi a nadie, pero había un cartel pegado del lado de afuera de la puerta.
Qué bueno que nos chocamos hoy. Si no te hubiera visto así, despeinada, capaz no se me ocurría invitarte a cenar esta noche. Ah, me llamo Franco, sé que te llamás Paulina porque me lo dijo la del 7° b. Del otro lado del papel anoté mi celular. Espero que puedas, Franco.
P.D.: No te ofendas por eso de haberte visto despeinada, lo que trato de decir es que estabas muy linda.
Cualquiera lo que acababa de pasar. Era el vecino lindo del 6°, el del ascensor, el que acababa de verme en pijama y con cara de que llevaba una semana de depresión encima. ¿Sabría él que hasta hace unas semanas tenía novio y ahora ya no? ¿Qué era eso de dejarme un papel pegado en la puerta? ¿Por qué sabía mi nombre? ¿Qué iba a contestarle? Mientras lo pensaba comí como cinco tostadas más, no se puede tomar decisiones con el estómago vacío, y menos todavía si no comiste por una cantidad indeterminada de días. Para cuando se terminó el queso crema ya había decidido. En ese momento no me importaba mucho la góndola de los cereales ni el yogur de frutilla. Tampoco me interesaba agregar a mi vecino Franco como contacto en el celular, yo también iba a jugar. Busqué esa lapicera roja que me gustaba por cómo escribía, arranqué un pedazo del diario que tenía arriba de la mesa hace más de una semana, agarré la cinta scotch que me había llevado de la oficina, y bajé por escalera el piso que me separaba de lo de Franco, no tenía ganas de esperar un ascensor. Digo, no me interesaba agendarlo en el celular porque el juego tenía algunas reglas que acababa de inventar, teníamos que comunicarnos los dos por el mismo medio. Después de escribirle una nota y correr tras tocar el timbre subí a darme una ducha y ordenar un poco mi casa. No sé porque todavía tenía puesta la campera, pero me di cuenta de que hacía bastante calor aunque estábamos en otoño. Si no andaba en pijama, entonces, no necesitaba campera para ocultarlo. En poco rato había planeado hacer un montón de cosas esa tarde de sábado, el mundo parecía un lugar mucho mejor ahora que ya no estaba mimetizada con la alfombra del comedor. Lo que sí no planeaba hacer era peinarme mucho, tenía que mantener el estilo para esa noche.
martes, 22 de enero de 2013
El día que nacieron los nuevos recuerdos I.
Cuando ella decía que tenía
vergüenza hablaba de verdad. A todos les parecía estúpido pero ella lo decía en
serio. Le daban vergüenza muchas cosas. Desde que tenía memoria había sido así, extremadamente tímida. Hacerse la graciosa era su escudo, en esa cosa del
chiste espontaneo se escondía de todo lo que le implicaba ser ella delante de
algún otro.
No había mentido cuando decía que
le daba vergüenza ir a su casa para conocerlo. Le parecía exagerado, pero
aparte le daba mucha vergüenza. No se sentía segura de si misma, ¿qué iba a
hacer si a él no le gustaba nada de ella y estaba en su casa? Estaba claro que en su casa era más complicado,
y no gustarle a alguien siempre era una posibilidad. Era lo que acostumbraba.
Si le hubiera gustado a alguien de verdad ahora no estaría sola, pensaba muy a menudo.
En su razonamiento ella era siempre el factor que fallaba. Sabía que todo tenía
que ver con todo, que esas ideas se habían instalado en su cabeza por todo lo que le había salido mal antes.
Porque aunque algunas ideas y sucesos se hacían lejanos, nunca se iban de ahí. No conocía nada de esa tal resiliencia.
Por eso, entre otras cosas, no
quería ir a su casa. La ponía sumamente nerviosa que de diez palabras de las que
decía, al menos una hiciera referencia a que era linda, si no las diez. Ni
siquiera la conocía, eso le respondía siempre, pero él igual decía que salía
linda en las fotos y que seguro iba a ser linda. Todo era demasiado ridículo.
Tenía que salir corriendo de ese cuento, encontrar que era lo que la tenía
atada y siempre atenta a semejante pavada, y salirse enseguida.
Bueno, era obvio que eso de
salirse no iba a pasar realmente, pero nunca pensó que iba a darse vuelta todo
tan rápido. Poco después del mediodía del viernes ya tenía un reemplazo para el
plan original, que había dado por suspendido después de la discusión de la
noche anterior, iba a ver a una amiga con la que hacía tiempo no se juntaba.
Justo a media hora de haber confirmado ese encuentro apareció él, como acostumbraba. – Me
estaba por ir a dormir la siesta pero quería ver si todavía querés que nos
veamos hoy. – Igual que siempre, se iba a dormir. Ella le explicó que tenía
nuevos planes, pero que igual podían encontrar un rato para verse. No tenía ganas de seguir peleando por lo de la noche anterior, ya ni se acordaba qué había pasado. Él estaba
por tirarse atrás una vez más porque se le daba mucho más fácil ser rechazado
que armar planes sobre la hora. Pero justo a tiempo ella le dijo que arreglaran
algo, que el otro plan podía esperar y que sí quería verlo.
Él solía decirle que nunca la
entendía, pero ella estaba siendo muy clara, al menos esta vez. Hasta le
preguntaba a qué hora y cómo tenía que llegar a su casa, más clara y concreta
no podía ser. En un rapto de humanidad, él le dijo que primero la iba a llevar
a cenar. No quería que fuera a su casa así de la nada, sin conocerse. A ella le
pareció lindo y terminó de olvidarse de todo lo que la había hecho enojarse en esa semana.
Parecía asomarse el principio del
fin de la relación cibernética complicada y sin sentido. Cuando se olía que todo
estaba destinado a fracasar, finalmente iban a
verse las caras.
Estaba todavía en el colectivo cuando
dieron las 9 pm y le llegó un mensaje de texto. - Ya llegué, me vas a hacer esperar acá con
el calor que hace? - siempre tan simpático él. Respondió enseguida, - yo
estoy a pocas cuadras con el colectivo, estoy nerviosa y posta tengo mucha vergüenza, espero que me comprendas si me pongo colorada cuando te vea-. Estaba a segundos de conocerlo, esta vez era de verdad.
jueves, 17 de enero de 2013
Ah
- Mi mamá me dejó ir a comprarme un helado esta tarde. Ella piensa que salir por el barrio no es tan peligroso como dicen, que puedo ir sola y hasta quedarme un rato en la plaza. Me dijo que cuando era chica iba siempre a la plaza, pasaba más tiempo ahí que en su casa, y casi no miraban tele porque había pocos canales. Ahora no vamos nunca a la plaza nosotros. Estoy más acostumbrada a la compu, no existía la computadora cuando ella era chica, ¿entendés lo que es eso? no sé como hacían la verdad. Bueno, no sé, lo importante igual es que hoy quiero ir a comprar helado y un rato a las hamacas también. Pero no quiero ir sola, entonces quería ver si vos querés venir conmigo, porque el quiosco queda re cerca de tu casa y aparte también quiero invitarte un helado.
- Ay, pero no sé si puedo.
- Está bien si no podés, puedo ir sola. Igual yo no te pregunté si podías, te pregunté si querías.
- Ah.
viernes, 30 de noviembre de 2012
Taladro
A veces pienso cosas extrañas cuando pienso en vos. Como que me gustaría poder morderte la nariz sin que te parezca raro, tirarte de una oreja, o hacer que te tropieces para ayudarte a levantarte y que nos riamos porque caiste de forma graciosa. No te lo digo nunca porque imagino que vas a pensar que estoy loca, que en realidad no me conocías lo suficiente y no vas a querer tenerme cerca ni un rato más. No sé, para mi a veces el cariño es tan grande que se vuelve difícil de expresar. Esta violencia puede llegar a significar mucho más que un buen gesto. Pero no hablo de violencia de lastimar de verdad, a alguien que querés no vas a lastimarlo intencionalmente. Es esa violencia de que te quiero tanto que una caricia expresa poco, muy poco, en comparación con una cachetada; y un beso, claro, mucho menos que una mordida. Sí, yo sé que parece raro lo que estoy diciendo, pero, ¿a vos nunca te pasó? ¿Nunca pensaste que un perrito, por ejemplo, era tan lindo que cuando lo acariciabas querías aplastarle la cabeza con tus propias manos? ¿nunca pellizcaste con mucha fuerza unos cachetes y eran tus manos que actuaban cargadas de amor? Ah, ¿no te pasa eso a vos? ¿ de verdad? ¿Es que tus sentimientos no son lo suficientemente fuertes? Entonces, me parece, voy a tener que pensar un poco en esto. Mis ganas de morderte esa nariz perfecta que tenés capaz no son correspondidas. Un beso en la nariz puede ser la ternura, pero la mordida pesa más porque está repleta de sentimientos poderosos. Y vos me decís que a vos no te pasa. Sentimientos poderosos son los que se manejan en esta relación, si a vos no te pasa lo mismo yo no puedo, se me tuerce la balanza. Y ni siquiera oses volver a decirme que esto que te digo no tiene sentido como acabás de hacer. Yo con las cosas a medias no. A mi, atravesame con tus sentimientos o soltame la mano y dejame caminar. No sigas, porque no vas a convencerme con tus palabras, esas apenas me rozan la mano.
lunes, 12 de noviembre de 2012
Telescopio
Quisiera tener un telescopio
para poder mirarte
y ver en detalle qué pensás
o animarme a preguntarlo
para no intentar adivinar.
Quisiera entender más de tiempos
para no confundir el momento
y no querer viajar cientos
miles de cientos de años luz
en tiempo record universal.
Quisiera saber un poco más
de todo eso de lo que hablás
y no sentir que me falta viaje
para estar como a tu altura
sin llenarme de maquillaje.
Quisiera que todo fuera así
como salido de una película
y saber que es bueno el final
aunque no sepa atar el nudo
el desenlace siempre es real.
Quisiera saber usar el telescopio
para poder mirar tus tiempos
y saber más de tu viaje
pero que el final no nos encuentre
que la película no termine en el peaje.
para poder mirarte
y ver en detalle qué pensás
o animarme a preguntarlo
para no intentar adivinar.
Quisiera entender más de tiempos
para no confundir el momento
y no querer viajar cientos
miles de cientos de años luz
en tiempo record universal.
Quisiera saber un poco más
de todo eso de lo que hablás
y no sentir que me falta viaje
para estar como a tu altura
sin llenarme de maquillaje.
Quisiera que todo fuera así
como salido de una película
y saber que es bueno el final
aunque no sepa atar el nudo
el desenlace siempre es real.
Quisiera saber usar el telescopio
para poder mirar tus tiempos
y saber más de tu viaje
pero que el final no nos encuentre
que la película no termine en el peaje.
Soles
Sale el sol. Sale como quien dice que está saliendo, pero en realidad está quieto, los que salimos somos nosotros. Salimos de la oscuridad, salimos porque vivimos dando vueltas. Y el sol alumbra todo, brilla de lo lindo el sol. No sabemos muy bien porqué, pero brilla. El otro día a mi me explicaron por qué el sol brillaba. Pero decían unas palabras que ahora no recuerdo, y además en ese momento estaba pensando en otras cosas que me quedaban más cerca y brillaban igual. Igual que el sol, que sale y brilla, brilla tanto que no podemos verlo a los ojos para intercambiar miradas. De todas formas lo queremos, digo, yo lo quiero al sol. Es que no podríamos vivir sin él, y sin embargo, es tan inútil. Está ahí quieto, no trabaja nada. Está ahí para que lo miremos; pero apenas intentamos hacer contacto nos deja un poco ciegos. Y ni hablar del sol cuando se topa con las nubes. Las nubes lo tapan, pueden taparlo por días mientras bailan por el cielo, y el sol no hace nada porque se cree el centro de la galaxia. Aunque sí es el centro de la galaxia, dicen que la estrella más importante, que es tan importante que no podemos mirarlo. Por eso sale el sol, porque aunque no haga nada, viene y hace brillar todo. Y yo pienso que nos está saliendo el sol, pero también está todo lleno de nubes. Si el sol no brilla no veo bien, no veo porque aparte de tanto mirarlo me fui quedando ciega- Y no me sale tampoco dejar de mirarlo, porque el que sale es el sol. Y así como sale se va, quién pudiera averiguar a dónde, y vuelve más tarde. Ahí, justo cuando el sol se va, todo es más confuso. Como cuando hay nubes, como cuando no sabés muy bien porque mirás a alguien y brilla como si fuera el sol. Aunque no te esté alumbrando nada, brilla y no querés que deje de brillar, porque brillar le queda bien. Y porque si el sol no brillara andá a saber qué pasaría con nosotros, que giramos al rededor suyo como si fuera la estrella más importante, como si de verdad saliera todos los días para hacernos brillar también.
Qué importante que es el sol. Qué importante parece la gente cuando se hace sol.
miércoles, 24 de octubre de 2012
De vuelta
Nunca entendí bien porqué, pero siempre que me voy de viaje a algún lado espero el momento de volver. A veces irme muy lejos no me gusta, me siento ajena a todo lo que me rodea, de paso por todos lados. No es que me guste volver, es más que nada que necesito volver. Volver no sé a donde, porque nunca me siento de ningún lugar. Tal vez nací en el tiempo equivocado, tal vez el mundo tiene demasiado de todo y a mi con menos me alcanzaba. Siempre pensé que no necesito estar en ningún lado para estar conmigo, que me llevo siempre a donde voy, pero volver me hace sentir diferente, de vuelta.
sábado, 20 de octubre de 2012
Mal sueño
Anoche soñé que estaba de viaje con algunas personas que yo conozco pero no se conocen entre sí. Uno de ellos robaba un auto muy caro que estaba en muy mal estado, y manchaba de pintura plateada a todo el que se acercaba. Con el auto planeábamos volver del viaje, pero andaba como fuera de control, y por eso empezaba a perseguirnos la policía. La persona que lo manejaba no tenía registro, y teníamos que llegar rápido a mi casa para ir a no sé dónde. Yo me la pasaba todo el viaje enojada y gritando desesperadamente.
Finalmente llegábamos, las puertas de mi casa estaban tapiadas, estaba todo oscuro y medio en ruinas; y nosotros estábamos, de repente, todos vestidos de gala. Yo tenía un vestido largo con brillos plateados pero estaba muy despeinada. Un par de personas se esfumaban en el aire mientras entrábamos a mi casa, y mientras tanto la policía no dejaba de buscarnos. Nos habían seguido todo el viaje, pero a nosotros solo nos importaba estar listos a tiempo para la fiesta. Intentaba ponerme rápido unos aros enormes de diamantes y unos zapatos igual de brillantes, con un taco altísimo, mientras me apuraban para salir a hurtadillas sin que la policía nos viera. Yo peleaba histéricamente, me negaba a entrar de nuevo a ese auto destrozado, porque además de que iba a ensuciarnos a todos de pintura, los policías iban a reconocernos enseguida y así nunca íbamos a llegar. Nadie me hizo caso, y salimos entonces. Sacamos algunos tablones de la puerta y nos mandamos al auto, arrancamos enseguida y como nos vio la policía, intentamos perderlos yendo a una velocidad que todavía me da vértigo. En ese momento sentí una adrenalina espantosa y punzante, una desesperación y la pregunta que me salía era ¿Por qué a mi? ¿por qué todo esto? En ese instante me di cuenta de que era todo un sueño, porque en la vida real nunca había sentido esa angustia tan horrible, no había fiesta a la que llegar, ni vestido, ni aros de diamantes.
Me desperté, encendí el celular, y anoté el sueño en mis notas. Siempre que me despierto a mitad de la noche anoto mis sueños porque quiero recordarlos a la mañana siguiente. Quiero recordarlos a todos porque son cruentamente reales y muchas veces perturbantes. Y todas esas cosas horribles que salen de mi mente tienen que significar algo en la vida real, estoy segura.
En este contexto puede cobrar sentido que yo sueñe también con ser un poco mala. A veces ser transparente, sincera y algo así como triste-compasiva puede ser el peor castigo de una persona. Si a mi me hubieran regalado un poquito de maldad adentro de un salero quizás podría condimentar mi vida de otra manera. Ser tan obvia y siempre tolerante, comprender y aceptar, querer tender una mano y que mis únicos conflictos con los demás surjan cuando me equivoco "sin querer", por favor, eso si que es aburrido. ¿Será por eso que en mis sueños pasan todas las cosas espantosas que en la realidad no existen? Si pudiera contar cada uno de mis sueños y elegir una partecita de cada uno para vivir mi vida sería más bien un despropósito.
Quiero dejar de escribir sobre mi como si yo fuera el centro del mundo. Para eso primero necesito dejar de soñar con ser muy mala, porque la clave de correrme del medio es ser un poco más buena conmigo. Soy el único lugar en el que dejo ser a la maldad. Y en realidad lo que quiero es que mi vida sea un despropósito.
miércoles, 17 de octubre de 2012
Y entonces suspira
Una cosa que me gusta mucho es reírme, reírme y sonreír: Siempre me pareció algo estúpido pero a la vez estupendo, inevitable, y un acto capaz de curar casi cualquier mal. Por otro lado me pasa que odio reírme. Me río demasiado, y de cualquier cosa. Me río en situaciones inadecuadas, y por los motivos equivocados. Cuando tengo vergüenza, cuando estoy nerviosa, cuando no sé qué decir, me río. Y tampoco me gusta cómo se me pone la cara cuando me río. A la mayoría de la gente le pasa que se deforma cuando se ríe, en lugar de ponerse más linda por la liberación de endorfinas. Pero a mi particularmente me molesta la forma que toman mis cachetes y mis ojos cuando me río. Sin embargo no dejo de reírme, y por eso lo odio, y por eso me gusta; porque es genialmente inevitable y soy esclava de mi sonrisa, que es lo mejor que tengo.
El problema de la cuestión reside en que así como me río hago reír a los demás. Y no me importa que la gente se ría, la mayoría de las veces hago que se rían de mi. Yo soy el chiste que les cuento, y no sé porqué se ríen de mi, no es gracioso reírse de la gente. A mi me molesta mucho que rían de mi, pero me encanta que me digan que soy genia porque se ríen de mi elocuencia, aunque yo sea la circunstancia y no me cause nada de gracia. Cuando tengo un problema y alguien se ríe, cuando digo la cosa más triste de manera graciosa, cuando me creo que se ríen de mi persona y que soy entera un chiste, ahí de verdad ya no es gracioso.
Hay cosas que no son risas que también hacen que yo parezca un chiste. Como lo que pasó hoy. Cuando el día ya venía terrible a mi se me ocurrió hacerme la graciosa, porque soy realmente graciosa, y me puse a revisar los perfiles de la persona que más se río de mí con y sin mi permiso; y plaf, sentí esa miseria que sentís cuando no te sentís nada.
Porque aunque me traten de exagerada, para algunas personas yo soy un chiste y para otras soy nada. Así yo no puedo reírme, por más gracioso que me resulte todo. Porque de verdad muchas veces siento que la vida se ríe de mi. Cuando me pongo seriamente en ridículo con alguien a quien veo a diario. Cuando le sigo el paso a un desconocido aún cuando me puso una barrera adornada con girasoles, cuando vuelvo una y otra vez al pasado para comprobar que era malo y aburrido, pero volvería mil veces más. Cuando pienso que merezco que la vida se ría de mi porque soy un chiste, en realidad el chiste lo tengo en la cabeza.
Es que el día que aprenda que los chistes son de la boca para afuera, y que mi vida es de verdad y no es solo graciosa; ese día tal vez todo se transforme y reírme no va a ser una sensación tan fantástica y punzante a la vez. No sé cuando va a llegar el momento, pero mientras tanto les doy permiso para que se rían, pero que al menos uno se ría conmigo, así tengo con quien reírme.
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