jueves, 29 de marzo de 2012

También eso

Hoy me levanté muy temprano, me quedé hasta más tarde en el trabajo, me me molestaron la rodilla y el pie izquierdo, viajé en un colectivo lleno de personas, vi cómo asaltaban una almacén, no conseguí algo que quería comprar, me dolió la panza, me quise poner a llorar, me fui a cortar el pelo, me hicieron esperar como una hora y no me lo cortaron lo suficiente, y hasta lo arruiné dando un tijeretazo estúpido de autosuficiente que se cree capaz de cualquier cosa en donde no iba. También le escribí después de meses, no sé porqué; y, claro, no me constestó porque no.

Al final lo unico que necesitamos para lo que lo demás funcione es a alguien que esté. Esa es la única y finalísima conclusión. Tengo además la certeza de que ya no soy la que era, aunque de a ratos no sepa quién soy.

martes, 20 de marzo de 2012

Figurita repetida en loop.

Una vez leí en algún lugar una frase simple pero fantástica "figurita repetida no completa el álbum". Evocando el recurso de la metáfora, la simpática frase hablaba de no volver a cosas viejas, figurirepetear situaciones, momentos, personas.
De verdad quise que me interesaran otras figuritas, pero en el fondo siempre estás vos. Intenté fijarme en otras caras, en otras vidas. Quise que me interesaran otras cosas, convencerme de que tu mundo no era para mi.
Siempre creí que tu mundo era demasiado oscuro, de hecho lo era. Había olvidado que era lo que me gustaba de vos. Era eso de pedir ayuda en silencio, de mentir anhelos para disfrazar el vacío. Estaba segura de que detrás de todo ese disfraz de mala persona había alguien que sólo quería que lo quisieran.
Yo quería ayudarte, no sé a qué, pero estaba dispuesta. Quería hacerme cargo del vacío. ¡Que ilusa! Creer que iba a poder hacer algo con vos cuando nadie antes lo había logrado, ¿por qué iba a ser justo yo? Supongo que te creí todas esas palabras de mentira, las creí todas y quise hacerlas mías. Quería que quisieras que te quisiera.
No creí que esto pudiera pasarme a mi, digo, pasarme de verdad. Esto de mirar a otros y verte a vos. Seguir mirándote y pensar que cosas te diría. Imaginar las respuestas que nunca escuché de tu boca, tu boca, cuando vos en realidad no sos nada. Nunca fuiste nada.
Mientras más firme se vuelve esta idea de que no sos nada pienso, yo nunca había querido que alguien fuera todo. Aún hoy, no quiero otras figuritas.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Palabras

A veces me pasa que me pasan cosas y escribo mientras las emociones que provocan esas cosas todavía duran. La mayoría de las veces, al cabo de un rato, esas palabras pierden sentido y posibles ideas, historias, revelaciones, se convierten en textos inacabados que terminan por ser archivados en algún lugar recóndito de mi cerebro, al que van las cosas que dejo por la mitad.

Hoy me pasó que me puse a escribir mientras viajaba en colectivo. Iba con mi hermana, pero no viajabamos juntas. Yo estaba enojada y me había alejado de ella porque no quería hablar ni escucharla más. Mis palabras no tenían sentido en una discusión llena de argumentos sin ningún tipo de argumento. Entonces me fui a otra parte, más lejos, sola. No me molestaba estar sola, porque cuando estoy sola no estoy sola; y si no estoy sola no necesito estar con gente que llena todo de palabras de mentira.

Hay palabras que me hacen llorar, yo no quería llorar adelante de toda esa gente, porque me da vergüenza llorar, me da vergüenza llorar y que todos me vean, no quiero que me vean llorar por palabras vacías, por palabras que no me animo a decir. Y mientras viajaba entonces escribí cosas.

Escribí que me parece horrible que nuestras palabras puedan volverse argumentos en nuestra contra, que los demás las vuelvan argumentos en nuestra contra. Que eso me parece tan horrible como el hecho de que exista gente que se embarque en la osadía de matar. Porque las palabras son la magia de la vida, el pensamiento vuelto realidad, la razón convertida en instrumento, los sonidos que podemos ver. Pueden significar tantas cosas, y todos las usan para nada, nadie las entiende. Ellas son las que hacen todo, de verdad son las palabras las que dan vida y a mi me molesta que todos las usen para matar. Me molesta más que nada que todos sepan tan bien como usarlas, que tomen mi realidad, toda esa magia, la que tengo para ofrecer, e intenten clavármela en el pecho; y me dejen sin aire para defenderme o simplemente respirar.

Me molesta que el mundo sea tan hiriente y nadie comprenda a nadie de verdad. Me molesta que lo mágico de las palabras no sea suficiente para querer, salir y volar. Me molesta todo eso y me molestan muchas otras cosas más, pero como no quiero que usen estas palabras en mi contra, voy a callármelo todo y limitarme a pensar.

El día que no hable más con nadie, ahí va a ver el mundo; va a ver como extraña mis palabras y mi distinta realidad. Lo triste es que probablemente nadie en el mundo vea nada. No quiero que me miren, quiero que me escuchen, aunque no hable, que me escuchen, que aprendan a leerme, que miren mis palabras; son más importantes que todo lo demás.

jueves, 1 de marzo de 2012

Nada del todo es mío

Hace como un mes, digo, más de un mes que no escribo para el mundo este en el que no soy nada. Cuando escribo con una hoja y una lapicera naranja yo soy todo, en mis papeles soy todo (lo mismo que vos cuando no se escribir sobre otra cosa). Por eso se me ocurrió venir a decir alguna cosita acá, lo que sea. Porque recuerdo esas épocas en las que me gustaba leerme y no leerte en mi, cuando escribía en un tono diferente y sin tanta pena apaciguando el esplendor de las cosas de todos los días.
Resulta que ni por asomo me acuerdo cómo se hacía eso. Creo que así funcionaba, yo me sentaba frente a la computadora y empezaba a teclear. Escribía de todo, reflexiones existenciales, simpáticos textos de barata auto-ayuda o historias de mentira con variados y significativos finales.
Historias, el otro día escribí una de esas para mi mundo. Era una espantosa, hablaba de un aviador triste que soñaba con volar y conocer el cielo y no lo había logrado jamás luego de años y años de pilotear aviones. Era tan triste, tan triste, que no pude darle un final que me convenciera. Tan triste que odié haberla pensado y haber intentado compararla con mi vida. Tan todo que me di cuenta de que no hablaba de vos y empecé a buscarte en algún rincón, porque estaba segura de que tenías que estar por ahí. Porque vos siempre estabas entre mis letras, aunque nunca hubieses estado.
Entonces me di cuenta de que te fuiste, casi que te fuiste. O me fui yo. Fui yo la que se fue porque vos no estabas nunca pero no terminabas de echarme del escaloncito de la entrada, y en el escaloncito ese pasaban cosas. Estaba dicho que si no me iba sola la puerta iba a cerrarse igual y me iba a partir por la mitad. Y la verdad, creo que todavía necesito estar entera. No puedo dejar que vos me rompas por dejarme afuera porque tengo muchas historias sobre aviadores que no son tristes por escribir.
Así que no me importa que no me hayas llevado a conocer el cielo, seguro fue porque vos tampoco tenías como llegar; y si no podíamos volar juntos, para quedarme en el suelo mejor me deshice de tu fantasma.
Lo bueno de escribirle todo esto a este mundo de nadie es que no es mío. Nada que tenga que ver con vos es mío y prometo que esta es la última vez que digo tu nombre sin decirlo. Nada que tenga que ver con vos. Nada.