lunes, 11 de noviembre de 2013

Agua qué hay en la luna.

El agua se caía de la luna como agua que cae al río como catarata como la ola cuando rompe en las piedras y salpica como charco atravesado por una moto cuando llueve como la ducha encendida como la lluvia con sol como el agua que se caía de la luna. Pero la luna no tiene agua. El agua es un espejismo porque la luna está seca y si no cae agua no cae la luna como agua que cae al río porque la luna es un espejismo porque estamos ciegos porque no podemos ver el agua que cae de la luna que no cae nada porque la luna es un espejismo pero cae toda porque es como la ola en las piedras la moto y el charco la ducha encendida el agua que se caía de la luna como la vida que se cae como el agua como la luna que también es un espejismo.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Muerte

No digo que quiera hablar sobre muerte. Nadie quiere hablar sobre muerte cuando la vida en la tierra es tan linda y hay tanto que probar. Es mucho más fácil de lo que parece, digo, hablar de muerte. Porque la muerte está en todos lados. Un poco como muerte, y un poco como otras cosas. Tampoco me parece que sea tan mala la muerte, porque es la que le da sentido a la vida; a no dejar todo para mañana porque de a poco se termina el tiempo. Ese tiempo que en realidad no existe, pero existe, porque si la vida se agota hay que medir cuánto queda para no matarnos demasiado temprano.
En realidad me parece que cuando digo muerte lo que quiero decir es más bien algo como esto; el colchón de la cama hundido, los cajones a medio cerrar, el espejo sucio, el escritorio lleno de cosas, la montaña de ropa arrugada en la silla, las medias sucias por el piso, la repisa bañada de polvo, los libros desordenados, cables enredados en una caja, dibujos sin terminar apilados en un rincón, velas consumidas. las paredes con manchas de humedad, la cortina rota, las bolsas vacías, los papeles de caramelo en el piso, el polvo de una sombra rota esparcido por el acolchado, el despertador sin pilas y los lápices sin punta. Porque muerte no es morirse desangrado, o de un paro cardíaco, o dejar de respirar. Muerte es taparle las cañerías a las ganas, hacerle un piquete a los planes por nacer. Muerte es que no te den ganas de terminar nada de lo que empezás, no querer el lugar en el que estás, elegir cualquier cosa antes que elegirte. Muerte es hacerte amiga del hueco del colchón, de los papeles de caramelo, los dibujos sin terminar y el polvo que se acumula en los muebles. Muerte no es tanto morirse, sino más bien dejar que la vida te mate.
Yo no quiero guardar la ropa de la silla, ni sacarle punta a los lápices. Yo no quiero que la vida me mate.

viernes, 16 de agosto de 2013

Raíces en el cielo

Uno bien suyo, el más importante y soñado de todos, había sido el sueño de volar. Desde muy chico había visto a los aviones pasar, de un lado para el otro, le llamaban la atención. En su barrio todos se tapaban los oídos cuando alguno pasaba un poco más cerca, pero a el le gustaba el ruido, la forma en que hacían vibrar la tierra, el silencio que dejaban cuando se alejaban, y nunca dejaba de preguntarse por qué volaban. Pero más que nada lo encandilaba el aleteo de las palomas. Nadie prestaba atención a las palomas, estaban por todos lados, parecían un plaga y no hacían más que molestar. Pero para él no significaban solo eso, las palomas sabían volar, planeaban con sus alas y podían transportarse de un lado a otro surcando el cielo, dibujando formas en el aire, acariciando a las nubes.
El tiempo pasó, los años terminaron uno detrás de otro, y él no dejó de mirar a diario a las palomas y la destreza con la que movían sus alas. Llegó cierto día el momento de elegir una profesión. No había dudas, él quería volar. Volar muy alto, volar todos los días, como las palomas; conocer el cielo, ser parte del cielo, ser del cielo. Parecía entonces ideal y única solución el plan de estudiar aviación, una vida dedicada entera a volar.
Lo hizo entonces. Se recibió de piloto con honores y comenzó a volar con mayor frecuencia cada vez. Desde pequeño soñaba con volar y ahora era él quién conducía las naves que alguna vez había contemplado celoso desde el suelo. Sin embargo, no se sentía del todo satisfecho. Él quería volar, bien lo sabía, él quería conocer el cielo; pero quería no solo conocer el cielo, él quería ser del cielo.
Llegó a ser un gran piloto. El primero en la compañía, los mejores horarios y destinos, fines de semana libres y un salario que no solo alcanzaba sino que sobraba. Había sido condecorado varias veces, y era respetado entre los aviadores más respetados. A los ojos de los demás cumplido su sueño, pero su corazón estaba triste porque, aunque casi a diario sobrevolaba tierra y mar, nunca había conocido el cielo. Su sueño de volar lo miraba incompleto, después de tantos años.
Todavía seguía envidiando a todas esas palomas que teñían de diferentes grises la ciudad. Estaba encerrado en ese destino privilegiado. Encerrado, como en una pecera, del otro lado del vidrio lo saludaba el cielo, ese que por haber echado raíces en la tierra nunca pudo alcanzar.
Al final aprendió a querer al suelo. Él, bajo sus pies, le había dado todo lo que tenía y no podía pedir más. Tenía que reconocer que nadie había estado más cerca que él, del azul que lo envolvía cada vez que trataba de alcanzarlo. Todavía le faltaba mucho suelo para ser del cielo.

martes, 30 de julio de 2013

¿Que qué es querer?

Si por algún motivo me hicieran responder cómo darme cuenta de que quiero a alguien, si nunca quise y digo que no sé querer; diría que no tengo respuesta para tal pregunta, pero sé que estaría mintiendo. Sí sé cómo darme cuenta de que quiero a alguien, aún cuando ese alguien es nadie y lo que quiero es poder quererlo.
La verdadera respuesta diría de mí que quiero a alguien cuando quiero que caminemos por la calle juntos, vayamos al cine, comamos helado, miremos Los Simpson, durmamos la siesta, ordenemos libros en estantes, y nos miremos al espejo. Sabría que quiero a alguien si me muero por su nariz, si no me importa que zapatillas tiene puestas, o si la remera que está usando combina con el pantalón. Si quiero verlo peinado o despeinado, si me gusta cuando se queja, o cuando bosteza, o tiene calor. Si quiero conocer qué cosas lo ponen de mal humor, si se me viene a la mente cuando necesito decirle a alguien que algo me asusta o me da bronca, de seguro sería porque lo quiero. Si quiero saber cuántos abrigos usa en invierno, o averiguar si prefiere el ventilador antes que el aire acondicionado. Si con frecuencia forma parte de mis sueños con los papeles más insólitos y quiero seguir durmiendo para que no se vaya. Cuando quiero conocer las cosas que le gustan o me pregunto cómo será con el resto de las personas. También si busco coincidencias estúpidas entre nosotros. Si me pasa que ver su sonrisa aunque sea en una foto me provoca a mi sonreír, y no puedo evitarlo aunque sea asquerosamente cursi. O cuando puedo proyectar mi imaginación mucho más lejos de lo que habitualmente puedo si es que está en mis pensamientos. Si siento deseos de contarle muchas cosas de las que generalmente no hablo porque me dan vergüenza. Cuando cierro los ojos muy fuerte y tengo ganas de gritar porque una supernova está por explotar en mi pecho. Ahí es cuando me doy cuenta de que estoy frita y digo, aunque diga que no sé querer porque no, si supiera serías la primer opción.
También yo sé que en realidad casi no nos conocemos porque no. Pero, a veces y todavía, me doy cuenta de todo esto y hago como que no sé aunque quiero que me digas, ¿Qué decís vos?

domingo, 26 de mayo de 2013

Vestite y andate

Creo que ya elegí ropa para esta noche, voy a ir en pollera y remera. No, en pollera y camisa. O capaz puedo ponerme un vestido. Aunque tengo una remera nueva que quiero usar. Pero la remera no combina con los zapatos que quiero ponerme. No sé si me importa más la remera o los zapatos. Tengo que ver como combina la remera con la pollera bordó. Si queda mal no sé si quedarme con los zapatos y la pollera, o si quedarme con la remera y cambiar el resto. Ahora que lo pienso, esta remera me queda mal; es muy suelta y no es lo suficientemente escotada, estoy horrible. A ver, está el vestido con flores, y ese que tiene rayas, y el de las cositas de colores, el negro a lunares el otro de flores; no, pero ese último es muy de día. Sino puedo ponerme uno de los vestidos negros, aunque así voy a estar demasiado bien vestida. Puedo probar con la camisa negra transparente, aunque estoy usando un corpiño blanco y queda espantoso, mierda. Vuelvo con la opción de la primer remera, capaz si me cambio la pollera por una más corta y ajustada no queda tan mal. Así puede ser, aunque parezco una bolsa de papas, tampoco es que me van a mirar tanto. Ahora tengo que cambiar los zapatos. Tacos no quiero, botas no quiero, capaz zapatillas y al carajo todo. Ay, tampoco, con esta remera y zapatillas parezco un pibito. La otra camisa y zapatillas no combinan.Quizás alguno de los vestidos, pero hace frío ya, me voy a querer matar cuando espere el bondi para volverme. La otra remera que podía ser está para lavar, y con pantalón no tira nada ir. Sino no combino y ya fue, total quién se va a fijar. Creo que azul con bordó pegan, por ejemplo, puede ser esa remera azul con la pollera bordó. Y resulta que ese conjunto también es horrible y estoy espantosa. Un placard lleno para nada, qué mierda todo, no tengo ropa. Nada me queda bien. Me cago en todos, así yo no voy. Listo, aviso que no voy.

viernes, 24 de mayo de 2013

A prueba

No sé en qué momento todo esto dejó de tener sentido. No consigo darme cuenta de cuál fue el preciso instante en el que de verdad me volví loca, loca por vos. Creías que lo estaba desde antes, eso te había gustado de mi, y eso mismo fue lo que te alejó rápido. No estaba loca, de verdad no lo estaba, no hasta que vos no hiciste que lo estuviera.
Un día me invitaste a volar muy alto. Estabas poniéndome a prueba. A mi me dio mucho miedo volar así, casi ni te conocía, podía caer y perder todo; podía no querer volar y no saber como volver a la tierra si vos no me ayudabas. A mi me dio miedo y lo arruiné.
Pero el problema fue entonces, cuando me pareció que sí quería volar y el destino me pegó unas patadas para que lo intente. ¿Para qué? Tendría que haber imaginado que tan solo estabas poniéndome a prueba. Esa falencia en mi percepción y el poco sentido de este todo que también era una nada tuvieron la culpa. Yo no quería probar esto de enloquecer, eso dije desde un principio. Ahora, por favor, córtenme estas alas que son de hierro y me van hundir bajo tierra.

jueves, 16 de mayo de 2013

Dormir

Qué porquería el Invierno. A mi Me gusta. Y a mi no, es una mierda. Abrigarse es lindo, y dormir abrazados, y... Pará, ¿dormir abrazados? ¿qué es eso? ¿vendés colchones vos? No, no sé, pero en verano te cagás de calor durmiendo con alguien, tenés que reconocerlo. Meh, reconocer nada, si a vos te gusta sufrir el frío cosa tuya, yo duermo con quien quiera cuando quiera; al carajo esas mersadas de la cucharita y el no sé que, poesía barata. Bien que te gusta más dormir con alguien que con nadie. "Con nadie", con nadie es una decisión. Claro. Posta te digo, no me van esas boludeces del amor, y el frío, y el amor, y abrazame, y el amor, y vení a dormir conmigo que tengo frío, y el amor, y ay necesito atención todo el tiempo; tus pies fríos a mi no, atragantate con un té anti-gripal. No te creo. No me creas. Si decís que no te gusta es porque no tenés. Si digo que no me gusta es porque hasta que no me pase que me guste no me va a gustar. Ah, que fácil todo. ¿Qué querés? ¿qué llore amor y le pida abrazos a las bufandas? me cago en el frío y en el amor, o al revés, en el amor y en el frío, son lo mismo. Perdiste, no estabamos hablando de amor, ni de mersadas, o sí, de mersadas sí; halábamos de dormir con alguien para pasar el frío. Perdón, hablabamos de que el invierno es una mierda, y de que llenar la cama no justifica frío; si necesitás frío para meter a alguien en tu cama perdiste vos. No perdí yo, perdemos todos todo el tiempo; vos quejándote de cualquier cosa, yo tratando de justificar la limosna que es pedir un abrazo una noche de invierno. ¿Qué gracia tiene esta conversación? No sé, vos empezaste. No, vos. Bueno, ya fue, ya me dijiste todo lo que pensabas; seguro que si te invito a dormir esta noche o cuando sea vendrías aunque haga frío. Ajam, ¿vos decís? y yo creo que vos me invitarías aunque fuera 7 de enero con 45° a la sombra. Sí, tenés razón, bueno, ¿y entonces? ¿Entonces qué? No sé, nada, entonces nada. Ah, está bien. Bueno, creo que me voy a acostar a ver si duermo algo. Está bien, yo también quiero lo mismo. ¿Qué querés? ¿dormir o acostarte acá? No sé, lo que sea. Sí, ya sé, todos queremos lo mismo. Bueno, andate si te ibas. Ah, listo, si me lo pedís así me voy. Sí. Okey, chau. Chau vos, dormí.

sábado, 20 de abril de 2013

Cara de paisaje

A veces me olvido de tu cara. No es que me la olvide realmente. Digo, la vi tantas veces que no tengo ni que pensar cuando te recuerdo. Igual me olvido, de como movés las cejas, de cuán recta es tu nariz, de si te mordés o no el labio, de cómo se siente tu piel cuando te afeitás. Y me acuerdo de tu cara como me acuerdo de un paisaje, con vida pero inmóvil, una foto permanente. Sin expresión, vacío, porque así eras, vacío. A toda hora, todos los días, todo el tiempo, vacío.
A mi tampoco me gustaba jugar al romanticismo, ¿para qué? Es otra forma de mentirse. Lo que sirve es ir de frente, como salga pero ir. Eso te decía siempre. Tu problema era ese de no ir a ningún lado. Tampoco le veo la gracia, y por eso digo que tu cara es como un paisaje. Hermoso pero lejano, inmóvil e inmenso, sublime pero aterrador.
Otras veces me acuerdo de algunas cosas, una sonrisa quizás, pero no de cómo movías las cejas, o de si te mordías el labio. Esos son detalles, y entre nosotros no había detalles. Me acuerdo de todo lo que era relevante, de todo lo que era todo. De tus manos, de cómo me tocaban, de que tu pelo me hacía cosquillas cuando te apoyabas entre mis hombros. De tu respiración, rápida y después más lenta, después rápida de nuevo. De los besos en el cuello y de que me mordías las orejas, de que durábamos para siempre entre las cuatro paredes de tu monoambiente con ventana al pulmón del edificio, aunque no duramos.
Igual lo de las orejas sí es un detalle, pero no había mucho detalle entre nosotros, no lo necesitábamos. Tampoco al romanticismo, podíamos mentirnos de otras maneras. Yo te mentí, cuando te dije que así ya no quería no era cierto. Te mentí, no era por los detalles, pero nunca pude decirte eso del paisaje inmóvil, y de cómo me asustaba y me gustaba quedar atrapada ahí adentro de la foto. No quería detalles, y creo que te diste cuenta, pero no hiciste nada. Vos no querías darme detalles, porque nunca hacías nada, porque no ibas a ningún lado. Porque eras un paisaje, pero también eras el monoambiente, y no te asomabas ni a la ventana porque daba al pulmón.
Ahora creo que extraño tu respiración y lo de las orejas. A veces me olvido de cómo es tu cara y, si lo pienso mejor, creo que me molestaba cómo movías las cejas.

miércoles, 3 de abril de 2013

Sentido

Abro los ojos, quiero volver a cerrarlos. Los cierro pero tengo que abrirlos. Me levanto porque no me queda otra. Bajo la escalera con los ojos cerrados de nuevo. Me mareo y me salvo de caerme por un pelito. Me ducho, la ducha es aburrida. Nada tiene sentido. Me pongo lo primero que encuentro porque no me importa que me miren, aunque al final no me gusta como me queda y tardo mucho en decidirme. Me esperan con el motor del auto encendido, casi no me doy cuenta y salgo con el cepillo de dientes en la boca. Llego tarde a trabajar, porque llegar temprano es darle demasiada importancia. Trabajar es una porquería. Nada tiene sentido. No tengo ganas de saludar a ninguna de las personas con las que trabajo. Serán muy simpáticos pero no me interesa que formen parte de mi vida. Me pagan por estar cerca suyo unas cuantas horas al día, nada más. Una me cae mal porque tiene onda con el compañero con el que yo estuve hace un tiempo. Ni siquiera me interesa, pero me cae mal de todas formas. No sé por qué me pareció buena idea en su momento, no sé porqué me repele esta chica si a mi no me hizo nada. No, no me interesa. Mi jefa habla en tono neutro a veces, a mi eso me parece demasiado estúpido. Quisiera estar usando el celular, pero me miran de reojo cuando lo agarro y empiezo a tocar la pantalla. No veo la hora de irme. Me molesta abrirle la puerta a todas las señoras que vienen a hablar sobre sus hijos y sonreírles como si. Le grito al teléfono cada vez que suena porque odio atenderlo. Espero que nadie se de cuenta de que en realidad estoy disimulando mi cara de orto. Voy a tuitear que odio todo. Lo tuiteo, no me responde nadie. Todos me ignoran siempre. Nada tiene sentido. Hoy no voy a almorzar, no me hace falta. Ya casi es la hora de irme. Podría comprar ropa cuando salga de acá. Puedo probármela y mirarme en el espejo, y amarme, y odiarme porque me queda mal, y comprarla igual porque algún día me va a quedar bien. Ahora estoy yendo a almorzar. Al final no me aguanté. Quiero una milanesa napolitana con papas fritas y una coca de 600, por favor. No tengo términos medios, entre el no-almuerzo y esta bestialidad no había otra opción, una lástima. Ya me siento mal de todo lo que comí, pero no quiero dejar nada. Voy a comer hasta la última papa frita. No sé ni qué hora es porque no traje el reloj, y no quiero salir del juego para mirar la hora en el celular. Siempre me olvido el reloj porque siempre me olvido todo. Hace poco que uso reloj, además. Había dejado de usarlo a los 17, para poder mirar la hora directamente en el celular. En realidad hacía como que miraba la hora en el celular, pero quería ver si un chico me mandaba mensajes y esa era la única forma de disimular mi demencia. Nada tiene sentido. Estoy probándome una pollera, es un talle más chico que el mío pero me cierra. De ahí a que me quede bien hay un abismo. Si no hay una más grande la voy a llevar igual, era cierto lo que decía antes sobre comprar. Al final había, mejor, tenía que comprarla porque salió solo cuarenta y nueve pesos. Recién ahora miro la hora. Se hizo tarde y no llego ni ahí a la facultad. A quién le importa que yo llegue tarde. Si nada tiene sentido. Siempre que viajo en colectivo creo que es el peor viaje de mi historia. Este es el peor de verdad. Llevo una hora acá arriba y no estoy ni a mitad de camino. Llego una hora tarde a clase y el profesor dice en voz alta que no tenemos que llegar tarde. En la clase me va horrible porque es práctica tenemos que hacer cosas que yo no sé hacer muy bien. Aparte a mi me da mucha vergüenza todo. Quiero que termine la clase porque tengo que irme rápido para otro lado, y no termina, no termina nunca. Ya fue, me estoy yendo antes de que el profesor termine de hablar. Ni siquiera sé para qué hago esto. Digo, yo soy la que elije estudiar, ya sé, pero no me interesa nada estudiar  Quisiera tener la posibilidad de no hacer nada y que no esté socialmente mal. No sé detrás de qué estoy corriendo. Nada tiene sentido. Como si fuera poco me lleno cada día de más cosas. Ahora no sé si empezar Canto o conseguir una psicóloga. Pongo todas las cosas en el mismo rango de importancia. No sé cantar, no sé tomar decisiones serias. Más o menos es lo mismo. Voy durmiendo en el colectivo pero está empezando a dolerme el cuello, y si no me babeé todavía está por pasar ahora. Debería despertarme porque ya casi llego a casa. Capaz no voy a ningún lado ahora. Me apuro para llegar pero no tengo ganas. Si lo que quiero es quedarme tirada sin hacer nada. Mi cama es el lugar perfecto. Tengo que caminar seis cuadras hasta casa. No me gusta caminar por acá porque todos tienen pinta de que podrían llegar a robarte y si después no te pasó nada te sentís la peor persona por haberlos juzgado mal a todos. Quiero tomar Coca Cola. Mientras, no entiendo cómo hace la gente que roba, yo no podría ni aunque quisiera. Capaz soy muy buena, capaz muy pelotuda, pero no puedo entrar en la cabeza de alguien que cree que puede justificar el sacarle a otra persona una cosa suya. Nada tiene sentido. No quisiera prender la computadora porque me cuelgo y no hago nada más. Pero ya lo estoy haciendo. Facebook es una mierda de aburrido. No me interesa lo que le pase a nadie de las personas que conozco. Ay, alguien acaba de comentar una foto que subí a Instagram. "Qué lindos ojos que tenés". No puedo evitar sonreír y querer devolver el halago con un abrazo cargado. Así de la nada me cambia el día. Como si todo tuviera sentido. Yo creo que las personas vivimos para otras personas, o para nosotros, que también somos personas. El resto, todo, no tiene sentido.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Lenguaje Visual


Hoy tuve clase de Lenguaje Visual. No terminé de entender bien de qué va la materia. Tiene como ochenta niveles a lo largo de la carrera y son todos teórico-prácticos. Puede ser porque llegué tarde, y se me cerraban los ojos del sueño, y también porque estaba sentada en un costado, y desde ese ángulo tenía una vista casi panorámica de todos en el aula. Me distraje pensando en cosas, mirando a las personas. Nunca fui buena para prestar atención y nada más. Prestar atención es aburrido. Puedo escuchar mientras hago otra cosa, más aún, necesito hacer algo mientras escucho aunque no implique mover ni un músculo.
Estuve pensando en porqué estaba ahí, en esa clase, cuándo había sido que yo había tomado esas decisiones y de qué manera; Lo mismo pensé sobre el resto de los que compartían aula conmigo. 
Unas cuantas veces, gente que no tiene ni idea pero quiere opinar me dijo que iba a estar todo lleno de hippies ¿No es eso lo que puede esperarse del arte? Cosas como "preparate" o "vos vas a convertirte en una más". Por eso me resultó raro encontrarme con un único hippie en toda la clase, o al menos el único que en verdad se parece a uno. El pelo algo largo y desprolijo, una barba que ocupa el 90 por ciento de su cara, la ropa así no más y unas Topper de lona sucias. No parece muy mayor, así que tal vez es uno de esos hippies que son hippies subvencionados por sus padres. Hoy le discutió a la profesora que una fila de luces de Led no forman una línea porque no son puntos. A los hippies les molesta no tener razón. Pero, además de él, no había hippies. Algunas chicas con pelo de colores, el must si querés ser Cool y transgredir. Otras rubias de pelo largo con pantalones chupines y plataformas, casi todas tenían cara de pretenciosas. Y no puedo dejar de mencionar ese grupo de chicas que se creen distintas y despreocupadas, pero son como todas las demás. Flequillo cortito y quizás desparejo, y un estilo entre moderno y hippie; combinando estampados raros con prendas de moda, y poniendo cara de intelectuales y desentendidas. Después había mucha gente con lentes de marco grueso, otros tantos con Zapatillas Vans; y el resto era de esa de esa gente que nada, su cara no dice nada, su ropa tampoco, ni su pelo, ni los gestos que hacen, ni tampoco lo que dicen. No sé cómo hacen los nada para ser nada y no ser algo.
Hubo algunas personas que me llamaron la atención en particular. El chico ese con la remera de los Rolling Stones, era diferente a todos porque tenía una remera de los Rolling Stones. Una chica con el mismo corte de pelo que yo pero teñido de un fuccia estridente. Ese par de amigos raros, ella tenía una mochila rosa, de esas inflables que se usaban a fines de los 90 y a principios de los 00. Cerca de ellos también estaba un chico que no tendría más de 19 años, al que se me antojaba mirar de reojo a cada rato, mientras él miraba todo con cada de entre miedo e interés, las dos cosas a la vez. Creo que si hubiera tenido mi edad o hubiera sido mayor ni lo hubiera mirado, pero algo en su cara de adolescente me hacía volverme hacia él todo el tiempo. Otra medio dientuda estuvo llamando la atención toda la clase, comentando cosas que no venían al caso y me pareció de verdad insoportable. Y al último que recuerdo, es a ese que me hizo acordar a un personaje de una serie que miro, del cual estoy platónica y verdaderamente enamorada. No se parecía tanto, pero hizo un gesto muy similar al suyo con las cejas y cautivo también mi mirada por unos instantes.
El caso es que en realidad tenía mucho sueño y no me importaba la gente que tenía al rededor, más que para asegurarme de que no se dieran cuenta de que se me cerraban los ojos. Estaba en primera fila y a menos de dos metros de los profesores. En realidad ellos estaban en primera fila para ver como me dormía la primera clase. Entonces me puse a pensar en porqué estudiarían arte todos ellos, qué pensaban que podían hacer, qué especialidad habría elegido cada uno. En realidad solo me preguntaba si ellos se sentían tan extraños y descolocados como yo. Porque todavía no entiendo como una puede estudiar para ser artista, o directamente ser artista, cuando en la sociedad actual tenés que ser algo y no alguien.
Para entonces ya había vuelto a un estado en el que podía al menos mantener los ojos abiertos y dejé todo eso para ponerme a prestar atención al profesor, que hablaba sobre el ingreso del video al arte contemporáneo  Mencionó un par de muestras en las que el video fue parte importante, entre ellas mencionó una de Duchamp en la Fundación Proa, a la que quise ir pero no encontré momento mientras duró. Acompañando eso dijo "ah, claro, a esa no fueron porque ahí no habían decidido estudiar arte todavía", un imbécil. En realidad me había caído simpático, pero eso que acababa de decir era innecesario e incisivo. Aunque creo que nadie le prestó atención, a mi me molestó, porque si no me conocés no opines ni me rebajes, aunque seas el más groso del universo. De todas formas no tenía nada contra él, y estaba a gusto en la clase, aún quedándome dormida. Así que lo dejé.
Lo gracioso es que minutos antes de ofenderme había estado haciendo lo mismo con todos mis compañeros. Y me resultaba muy gracioso pensar en que yo también tenía Vans y lentes de marco grueso, que en algún momento de mi vida fui un intento de hippie mantenida por mis padres, había caminado sobre plataformas  había pensado en teñirme el pelo de un azul eléctrico muy llamativo y hasta tengo el flequillo cortado como esas con "cara de intelectuales y desentendidas". Inclusive puedo decir que tengo algo de miedo cada vez que entro al aula, y si no comento nada en clase como la dientuda es por culpa de ese miedo. Resulta que al final eramos todos lo mismo, y estábamos por el mismo motivo, aunque capaz la mayoría no supiera cuál fuera; al menos yo no sabía, ni sé todavía. Odio estudiar, y no me gusta tener que estar con gente que no conozco. Pero sí que me gusta poder elegir lo que hago, aunque no sepa porqué. Por eso creo que no importa si soy hippie, pretenciosa, o me creo distinta y despreocupada, ni si voy a teñirme el pelo del color que sea. Importa que quizás un poco entendí, que aunque no sepa bien nada quiero elegir disfrutar, y disfrutar de lo que elijo. ¿Si la vida no es disfrutar  qué es entonces? También saqué la conclusión de que los hippies están extinguiéndose. Y debería averiguar un poco más sobre Lenguaje Visual, porque sigo sin tener idea de qué va.