miércoles, 24 de octubre de 2012
De vuelta
Nunca entendí bien porqué, pero siempre que me voy de viaje a algún lado espero el momento de volver. A veces irme muy lejos no me gusta, me siento ajena a todo lo que me rodea, de paso por todos lados. No es que me guste volver, es más que nada que necesito volver. Volver no sé a donde, porque nunca me siento de ningún lugar. Tal vez nací en el tiempo equivocado, tal vez el mundo tiene demasiado de todo y a mi con menos me alcanzaba. Siempre pensé que no necesito estar en ningún lado para estar conmigo, que me llevo siempre a donde voy, pero volver me hace sentir diferente, de vuelta.
sábado, 20 de octubre de 2012
Mal sueño
Anoche soñé que estaba de viaje con algunas personas que yo conozco pero no se conocen entre sí. Uno de ellos robaba un auto muy caro que estaba en muy mal estado, y manchaba de pintura plateada a todo el que se acercaba. Con el auto planeábamos volver del viaje, pero andaba como fuera de control, y por eso empezaba a perseguirnos la policía. La persona que lo manejaba no tenía registro, y teníamos que llegar rápido a mi casa para ir a no sé dónde. Yo me la pasaba todo el viaje enojada y gritando desesperadamente.
Finalmente llegábamos, las puertas de mi casa estaban tapiadas, estaba todo oscuro y medio en ruinas; y nosotros estábamos, de repente, todos vestidos de gala. Yo tenía un vestido largo con brillos plateados pero estaba muy despeinada. Un par de personas se esfumaban en el aire mientras entrábamos a mi casa, y mientras tanto la policía no dejaba de buscarnos. Nos habían seguido todo el viaje, pero a nosotros solo nos importaba estar listos a tiempo para la fiesta. Intentaba ponerme rápido unos aros enormes de diamantes y unos zapatos igual de brillantes, con un taco altísimo, mientras me apuraban para salir a hurtadillas sin que la policía nos viera. Yo peleaba histéricamente, me negaba a entrar de nuevo a ese auto destrozado, porque además de que iba a ensuciarnos a todos de pintura, los policías iban a reconocernos enseguida y así nunca íbamos a llegar. Nadie me hizo caso, y salimos entonces. Sacamos algunos tablones de la puerta y nos mandamos al auto, arrancamos enseguida y como nos vio la policía, intentamos perderlos yendo a una velocidad que todavía me da vértigo. En ese momento sentí una adrenalina espantosa y punzante, una desesperación y la pregunta que me salía era ¿Por qué a mi? ¿por qué todo esto? En ese instante me di cuenta de que era todo un sueño, porque en la vida real nunca había sentido esa angustia tan horrible, no había fiesta a la que llegar, ni vestido, ni aros de diamantes.
Me desperté, encendí el celular, y anoté el sueño en mis notas. Siempre que me despierto a mitad de la noche anoto mis sueños porque quiero recordarlos a la mañana siguiente. Quiero recordarlos a todos porque son cruentamente reales y muchas veces perturbantes. Y todas esas cosas horribles que salen de mi mente tienen que significar algo en la vida real, estoy segura.
En este contexto puede cobrar sentido que yo sueñe también con ser un poco mala. A veces ser transparente, sincera y algo así como triste-compasiva puede ser el peor castigo de una persona. Si a mi me hubieran regalado un poquito de maldad adentro de un salero quizás podría condimentar mi vida de otra manera. Ser tan obvia y siempre tolerante, comprender y aceptar, querer tender una mano y que mis únicos conflictos con los demás surjan cuando me equivoco "sin querer", por favor, eso si que es aburrido. ¿Será por eso que en mis sueños pasan todas las cosas espantosas que en la realidad no existen? Si pudiera contar cada uno de mis sueños y elegir una partecita de cada uno para vivir mi vida sería más bien un despropósito.
Quiero dejar de escribir sobre mi como si yo fuera el centro del mundo. Para eso primero necesito dejar de soñar con ser muy mala, porque la clave de correrme del medio es ser un poco más buena conmigo. Soy el único lugar en el que dejo ser a la maldad. Y en realidad lo que quiero es que mi vida sea un despropósito.
miércoles, 17 de octubre de 2012
Y entonces suspira
Una cosa que me gusta mucho es reírme, reírme y sonreír: Siempre me pareció algo estúpido pero a la vez estupendo, inevitable, y un acto capaz de curar casi cualquier mal. Por otro lado me pasa que odio reírme. Me río demasiado, y de cualquier cosa. Me río en situaciones inadecuadas, y por los motivos equivocados. Cuando tengo vergüenza, cuando estoy nerviosa, cuando no sé qué decir, me río. Y tampoco me gusta cómo se me pone la cara cuando me río. A la mayoría de la gente le pasa que se deforma cuando se ríe, en lugar de ponerse más linda por la liberación de endorfinas. Pero a mi particularmente me molesta la forma que toman mis cachetes y mis ojos cuando me río. Sin embargo no dejo de reírme, y por eso lo odio, y por eso me gusta; porque es genialmente inevitable y soy esclava de mi sonrisa, que es lo mejor que tengo.
El problema de la cuestión reside en que así como me río hago reír a los demás. Y no me importa que la gente se ría, la mayoría de las veces hago que se rían de mi. Yo soy el chiste que les cuento, y no sé porqué se ríen de mi, no es gracioso reírse de la gente. A mi me molesta mucho que rían de mi, pero me encanta que me digan que soy genia porque se ríen de mi elocuencia, aunque yo sea la circunstancia y no me cause nada de gracia. Cuando tengo un problema y alguien se ríe, cuando digo la cosa más triste de manera graciosa, cuando me creo que se ríen de mi persona y que soy entera un chiste, ahí de verdad ya no es gracioso.
Hay cosas que no son risas que también hacen que yo parezca un chiste. Como lo que pasó hoy. Cuando el día ya venía terrible a mi se me ocurrió hacerme la graciosa, porque soy realmente graciosa, y me puse a revisar los perfiles de la persona que más se río de mí con y sin mi permiso; y plaf, sentí esa miseria que sentís cuando no te sentís nada.
Porque aunque me traten de exagerada, para algunas personas yo soy un chiste y para otras soy nada. Así yo no puedo reírme, por más gracioso que me resulte todo. Porque de verdad muchas veces siento que la vida se ríe de mi. Cuando me pongo seriamente en ridículo con alguien a quien veo a diario. Cuando le sigo el paso a un desconocido aún cuando me puso una barrera adornada con girasoles, cuando vuelvo una y otra vez al pasado para comprobar que era malo y aburrido, pero volvería mil veces más. Cuando pienso que merezco que la vida se ría de mi porque soy un chiste, en realidad el chiste lo tengo en la cabeza.
Es que el día que aprenda que los chistes son de la boca para afuera, y que mi vida es de verdad y no es solo graciosa; ese día tal vez todo se transforme y reírme no va a ser una sensación tan fantástica y punzante a la vez. No sé cuando va a llegar el momento, pero mientras tanto les doy permiso para que se rían, pero que al menos uno se ría conmigo, así tengo con quien reírme.
martes, 16 de octubre de 2012
Sistema solar.
Si el invierno
te es muy largo
yo puedo acortarlo.
Si te gustan los planetas
yo te los llevo
a tu puerta.
te es muy largo
yo puedo acortarlo.
Si te gustan los planetas
yo te los llevo
a tu puerta.
jueves, 11 de octubre de 2012
Lejos de averiguarlo
No sé a donde espero llegar. No tengo la menor idea de si lo que pasa tiene o no razón de ser, o mejor dicho, si es que pasa algo o no pasa. No sé si exagero, ni sé si debería exagerar un poco más. No sé que estoy haciendo, o si creo que hago cuando en realidad estoy hundida en las profundidades del sinsentido. No sé si es que estoy aburrida o que acá con vos tengo algo de verdad. No sé porque me siento tan estúpida, y por qué se me nota tanto que hasta vos, cuando te miro, te das cuenta y me mirás, pero por los motivos equivocados. Si me siento como cuando era chica y mis sentimientos eran un secreto de estado nunca confesado, no sé porqué le presto tanta atención a estas emociones. No distingo la linea que divide un no definitivo de la posibilidad de volver a intentar. No sé que significa tu presencia, no sé qué significo yo. Es como un juego que no quiero parar. ¿Será que mi vida está tan vacía que la lleno de fantasmas, o no me pasa a mi sola que no me aburro de jugar? Sé que te miro para que me mires, y me mirás, pero no sé cómo me miras. Si estás observando o solo me ves de lejos como quien ve pasar autos, colectivos y camiones. No sé porque te miro si ya me dijiste que no te mire. No sé que estoy mirando, si encima miro a través de un conjunto de gases fluorescentes. No sé porque sostengo esta idea que ya fue derrumbada sin ser siquiera. No sé, pero otra cosa no me sale.
domingo, 30 de septiembre de 2012
Saturno
No sé bien que quería decir. De repente como que me olvidé un toque. Son las 6:33 de un domingo. Acabo de terminar de ver una película y todavía no dormí, porque, no sé, la película. No tengo sueño además, y ya es de día. Tengo las cortinas de mi puerta corrediza cerradas, pero veo como entra el sol por los costados. Igual está todo oscuro, no tengo ventanas. Por eso la puerta es de vidrio, porque sin sol me seco cómo las plantas.
Me está resultando imposible averiguar si no puedo dormirme porque me tomé unos vasos de fernet, o si fue la película que me dejó pensando. Pasaron cosas en la película. Un día hace poco me la mencionaron, eso también me dejó pensando, me parece.
Hace tiempo que dejé de creer en las casualidades, si todo fuera casualidad la vida sería muy aburrida. Es mucho más entretenido estar segura de que todo tiene que ver con todo, y que lo que parece coincidencia tiene una razón de ser y existir. Por eso me llamó la atención que eso de las casualidades y el destino estuviera como metido entre medio del argumento. Además aparecía el Planetario en la película, el Planetario. La chica que hablaba del Planetario decía que la construcción esa, tan simpática, está inspirada en Saturno. Es mi planeta favorito, porque tiene esos anillos al rededor; es algo así como un CD atravesando una esfera de telgopor. Debe ser gigante Saturno, y está muy lejos, pero muy. Porque, digo, si me parece que Corrientes y Florida queda lejos de casa, Saturno queda mucho más lejos. Ni siquiera sé si Saturno existe de verdad porque nunca lo vi, pero está el Planetario.
De otra cosa más hablaba la chica de la película, de porqué le gustaba ir al Planetario. Cuando estaba ahí sentía que era una partecita muy chica del universo enorme e interminable, decía, y eso fue lo que me pasó toda la semana. En el afán de desperdiciar mi vida me pasé varias horas, en más de una ocasión, leyendo notas de astronomía en blogs clase C, con faltas de ortografía y cosas así. Ahora sé que la corteza del lado oscuro de la luna es más gruesa y por eso hay cráteres más pequeños, sé que cerca de la tierra hay un planeta habitable que gira al rededor de una estrella y tiene ciclos de traslación de 28 días; sé que la luna Titán, de Saturno, tiene atmósfera, y se sospecha que podría haber vida que sobrevive a base de metano, como los primeros seres vivos de la tierra. Un montón de información que no me sirve para nada, pero lo sé todo. Y me siento un poco más insignificante ahora. Sé que jamás voy a ver a Saturno, porque es muy grande, y mis ojos muy chiquitos. Sé que no soy para nada relevante en el universo, pero acá estoy, despierta a las 6:45 escribiendo como si nada.
Lo que pasaba con la chica, era que que era muy infeliz. Trabajaba de algo que nada que ver con ella, y no encontraba a Wally en la ciudad. Yo pensaba que, pobre, porque buscar a Wally es re difícil. Y también pensaba que yo hace poco me hice llamar Wenda por un tiempo, porque me hacía la que era la novia de este tal Wally, aunque que en realidad ni lo conozco en persona; sólo lo vi en dibujos que me ponen nerviosa porque tienen el trazo como rugoso.
No sé, nada más eso. Al final ver esa película como que se fue a la mierda. Porque, en realidad, pensaba que iba a ser medio mala y me iba a arrepentir de no dormir; pero ahora no puedo dejar de pensar que todo tiene que ver con todo, y que también Saturno. Es que si no existen las casualidades yo debería creérmela más y no decir que soy la que insiste pero abandonar en el primer round porque le fallo a mis principios no casuales.
No, ni idea de qué estoy hablando, pero me pareció muy simpático ver cómo la vida casi cruzaba a dos personas como por dos horas de película, no se veían porque miraban para cualquier lado. Y hacían las mismas cosas, y querían las mismas cosas. Hasta interactuaron por internet sin saber que hablaban el uno con el otro. Y entonces se vieron, porque obvio que se tenían que ver. Porque él era como Wally, pero de carne y hueso, y vivía en la tierra. No en saturno, ni en Titán, ni en ningún planetoide de años cortos; y era su vecino. Tanta casualidad no era casualidad, porque las casualidades no existen. Pero después de que se vieron se volvieron a ver de nuevo, eso fue lo que pasó.
Capaz que justo se me ocurrió pensar esto, que qué lástima que vos no tenías ganas, qué se yo, todavía no creo que exista ninguna casualidad.
Me está resultando imposible averiguar si no puedo dormirme porque me tomé unos vasos de fernet, o si fue la película que me dejó pensando. Pasaron cosas en la película. Un día hace poco me la mencionaron, eso también me dejó pensando, me parece.
Hace tiempo que dejé de creer en las casualidades, si todo fuera casualidad la vida sería muy aburrida. Es mucho más entretenido estar segura de que todo tiene que ver con todo, y que lo que parece coincidencia tiene una razón de ser y existir. Por eso me llamó la atención que eso de las casualidades y el destino estuviera como metido entre medio del argumento. Además aparecía el Planetario en la película, el Planetario. La chica que hablaba del Planetario decía que la construcción esa, tan simpática, está inspirada en Saturno. Es mi planeta favorito, porque tiene esos anillos al rededor; es algo así como un CD atravesando una esfera de telgopor. Debe ser gigante Saturno, y está muy lejos, pero muy. Porque, digo, si me parece que Corrientes y Florida queda lejos de casa, Saturno queda mucho más lejos. Ni siquiera sé si Saturno existe de verdad porque nunca lo vi, pero está el Planetario.
De otra cosa más hablaba la chica de la película, de porqué le gustaba ir al Planetario. Cuando estaba ahí sentía que era una partecita muy chica del universo enorme e interminable, decía, y eso fue lo que me pasó toda la semana. En el afán de desperdiciar mi vida me pasé varias horas, en más de una ocasión, leyendo notas de astronomía en blogs clase C, con faltas de ortografía y cosas así. Ahora sé que la corteza del lado oscuro de la luna es más gruesa y por eso hay cráteres más pequeños, sé que cerca de la tierra hay un planeta habitable que gira al rededor de una estrella y tiene ciclos de traslación de 28 días; sé que la luna Titán, de Saturno, tiene atmósfera, y se sospecha que podría haber vida que sobrevive a base de metano, como los primeros seres vivos de la tierra. Un montón de información que no me sirve para nada, pero lo sé todo. Y me siento un poco más insignificante ahora. Sé que jamás voy a ver a Saturno, porque es muy grande, y mis ojos muy chiquitos. Sé que no soy para nada relevante en el universo, pero acá estoy, despierta a las 6:45 escribiendo como si nada.
Lo que pasaba con la chica, era que que era muy infeliz. Trabajaba de algo que nada que ver con ella, y no encontraba a Wally en la ciudad. Yo pensaba que, pobre, porque buscar a Wally es re difícil. Y también pensaba que yo hace poco me hice llamar Wenda por un tiempo, porque me hacía la que era la novia de este tal Wally, aunque que en realidad ni lo conozco en persona; sólo lo vi en dibujos que me ponen nerviosa porque tienen el trazo como rugoso.
No sé, nada más eso. Al final ver esa película como que se fue a la mierda. Porque, en realidad, pensaba que iba a ser medio mala y me iba a arrepentir de no dormir; pero ahora no puedo dejar de pensar que todo tiene que ver con todo, y que también Saturno. Es que si no existen las casualidades yo debería creérmela más y no decir que soy la que insiste pero abandonar en el primer round porque le fallo a mis principios no casuales.
No, ni idea de qué estoy hablando, pero me pareció muy simpático ver cómo la vida casi cruzaba a dos personas como por dos horas de película, no se veían porque miraban para cualquier lado. Y hacían las mismas cosas, y querían las mismas cosas. Hasta interactuaron por internet sin saber que hablaban el uno con el otro. Y entonces se vieron, porque obvio que se tenían que ver. Porque él era como Wally, pero de carne y hueso, y vivía en la tierra. No en saturno, ni en Titán, ni en ningún planetoide de años cortos; y era su vecino. Tanta casualidad no era casualidad, porque las casualidades no existen. Pero después de que se vieron se volvieron a ver de nuevo, eso fue lo que pasó.
Capaz que justo se me ocurrió pensar esto, que qué lástima que vos no tenías ganas, qué se yo, todavía no creo que exista ninguna casualidad.
jueves, 13 de septiembre de 2012
Palabras podridas.
Tengo los lentes puestos, chocolates, un vaso de Coca Cola. Estoy sentada frente al escritorio, que mira a una pared desde la que un pingüino dibujado con tizas piensa "No estoy tan solo si estoy conmigo!". Todo encaja perfecto con esas ideas que se cruzan por mi mente. Ideas que se cruzan por mi mente hace días, semanas, meses, años quizás. Escucho voces, algunas más claras, otras en versión digital, transformadas en letras. Las escucho a todas. "Podemos vernos como amigos, pero igual que mi novia no se entere", "Me gustás, pero es raro porque ya sé que no va a pasar nada más que esto entre nosotros", "Perdón, te quiero pero no puedo dejar a mi novia, la venimos remando", "No estoy como para empezar nada ahora", "No me presiones, me asfixiás", "Sí, ya sé que tengo novia, pero con ella es distinto porque es amor", "si te portás bien y no te ponés loquita de nuevo podemos seguir haciendo esto", "Está mal lo que hacemos, sos muy chica vos, y me gusta otra", "a vos te hago mierda, pero estoy enamorado, ella es mi futura novia", "¿Histérico yo? pf, vos histérica", "capaz tenés razón y el problema soy yo, pero bueno, es lo que hay", "Me mandé una cagada con mi novia, solo vos me entendés y podés auyudarme", "Sé que debería ser más agradecido, pero a mi me gusta estár solo, viste", "basta, no me molestes más". Las escucho y pienso esto, que me gustaría tener menos memoria a veces. Porque la memoria no sirve para nada si almacena recuerdos malos. No sirve si se guarda palabras horribles y perturbadoras que solo alimentan teorías de eterna soledad y desentendimiento con el mundo.
Las palabras son algo muy lindo. Tan lindas las palabras, que pueden construir miles de millones de frases llenas de cosas buenas y llenas de todo; y a mi me sigue pareciendo muy triste que el mundo las use para matar. Si tan solo pudiéramos llegar a conocer el verdadero valor de las palabras, podríamos usarlas para construir cosas increíbles, levantar edificios imaginarios de miles de pisos, o casitas chiquitas pero pintorescas; en vez de hacer que las selvas tropicales estallen y desaparezcan, arrasadas por las llamas filosas de nuestras horribles y sonoras palabras.
Yo siempre cuido mis palabras, o al menos eso intento. Intento aprender a tratarlas como un tesoro. Usarlas cuando el momento lo amerita, quizás también cuando no, pero siempre para decir algo que construya. Y si mi algo no construye, porque no siempre es fácil construir, mi cometido es al menos no destruir. Porque si es que la memoria de todos funciona tan bien a largo plazo como la mía, considero importante no dejar marcas de mugre en los recuerdos de otros. Digo, no me parece justo que mis recuerdos estén llenos de palabras vacías, de excusas y abandonos. No me parece justo que mis memorias me digan una y otra vez que nunca van a elegirme a mi, porque así yo me creo que es cierto; que no me lo merezco, que siempre va a ser de la misma manera. Puedo llegar a creer que para nada valgo la pena, que sí pero no; que todo bien, pero andate por donde viniste porque al final eras poco para mi.
Resulta que después vienen los que no son responsables de toda esa sarta de recuerdos espantosos, y te dicen que no tenés por qué sentirte tan poca cosa; que te animes, que la vida es vivir, que como te ven te tratan y si vos misma te maltratás los otros te van a maltratar todavía más. Y te sacudís un poco el cerebro para que se acomoden las ideas, y salís. Como si entre las hendijas de tus sesos ya no descansaran los rechazos del mundo hacia tu persona, como si no estuviera todo lleno de fantasmas. Y saltás por el trampolín con la adrenalina a niveles sumamente altos, y en la pileta no había agua, y te querés morir porque lo único que te faltaba era darte la cabeza contra el fondo de cemento para que tu cerebro quede más afectado todavía. Un hematoma se puede ir rápido y todo parece quedar como nuevo. Pero las secuelas adentro no te dicen lo mismo, y de a poquito afloran de nuevo todos los momentos llenos de palabras que cortan, para mutilar cualquier tipo de envión valiente, alborozo o sonrisa triunfal.
A mi no me digan que estoy equivocada cuando me miro con ojos compasivos. Al final siempre tengo razón. Y si quieren discutirme van a tener que vérselas con todas las palabras pútridas que ocupan espacio en mi cerebro. Ellas pueden demostrarle a quien sea que los libros de auto-ayuda pierden por afano cuando se los contrarresta con recuerdos vomitivos y con la razón.
Déjenme decir que no estoy tan sola si estoy conmigo, y que en esos términos no necesito a nadie. Aunque no esté segura de si estoy, o ya me fui yo también con mis palabras.
viernes, 31 de agosto de 2012
Por todos lados
Marcas. Tengo marcas tuyas por todos lados. Marcas que no se ven. Marcas que no se van. Cuando siento que a la gente no le importo son tus marcas. Cuando tengo miedo de hablar son tus marcas. Cuando pienso que lo que digo no vale la pena son tus marcas. Cuando siento que me tratan de loca son tus marcas. Cuando odio todo son tus marcas. Cuando no quiero acercarme a la gente son tus marcas. Cuando no me animo a decir lo que siento son tus marcas. Cuando no quiero reconocer lo que me pasa son tus marcas. Cuando siento que no valgo son tus marcas. Cuando creo que no puedo ser feliz son tus marcas. Cuando quiero quedarme sola son tus marcas. Mis ganas de llorar son tus marcas. Lo que no me sale decirle a los demás son tus marcas, y si siento vergüenza de mi misma son tus marcas. Cuando no puedo escribir más que lamentos son tus marcas.
Una vez escribí que vos eras la primer mancha de tinta en el libro de mis días. Ahora quisiera poder arrancar esa hoja que arruina todas las demás. Ahora entiendo porque esa vez deseé que no fueras parte de mi vida. Ahora es cuando más deseo nunca haberte conocido. Estoy llena de marcas y todas tienen tu firma en un costado, gracias por nada.
Una vez escribí que vos eras la primer mancha de tinta en el libro de mis días. Ahora quisiera poder arrancar esa hoja que arruina todas las demás. Ahora entiendo porque esa vez deseé que no fueras parte de mi vida. Ahora es cuando más deseo nunca haberte conocido. Estoy llena de marcas y todas tienen tu firma en un costado, gracias por nada.
miércoles, 29 de agosto de 2012
Lo efímero
¿Qué significan las ganas de llorar cuando no te pasa nada que particularmente pueda hacerte llorar? ¿Cuán complicado puede llegar a ser contemplar el mundo de otra manera cuando pertenecés a él por completo? ¿Cómo tener idea de cómo caminar si ni siquiera sabés hacia dónde vas?
Esas tres preguntas no son nada en comparación con las que tengo en mi mente. Pero no puedo convertirlas en palabras tan fácilmente. Seguro que es por eso que quiero llorar. O capaz es porque siempre pierdo, porque estoy en todos lados pero no soy de ninguno, porque me siento muy sola aunque nunca esté sola; porque nadie me entiende, y si alguien me entiende al final también es nadie y se va antes de llegar siquiera.
Ese es el problema. Lo efímero, circunstancial, esos instantes de nada que te hacen sentir que vas a despegarte del suelo para terminar diciéndote en la cara que, como los pingüinos, las personas no pueden volar. Al menos no cuando están solas. Y yo siempre estoy sola, y yo digo que me busco estar sola, pero también yo sé que hago trampa porque si no lo buscara estaría sola igual. ¿Quién querría quedarse conmigo? ¿Quién va a quedarse conmigo si yo no quiero quedarme en ningún lado? Soy yo mi propia trampa, y cuando uno está atrapado en uno mismo lo más difícil es salir sin salirse; porque si me salgo y me abandono me quedo sin mi y así no puedo ni siquiera estar sola. ¿Eso significan entonces las ganas de llorar?
miércoles, 8 de agosto de 2012
Regreso empieza con R de Resiliencia
- Hola, tanto tiempo, ¿Cómo
estás? Qué linda que sos, Todavía tengo ganas de verte, Ahora maduré, Todo este
tiempo pensé en vos, hice mucha historia al pedo, con que hablemos me conformo
por ahora – Le estaba diciendo muchas cosas – falta poco para tu cumpleaños,
podrías venir a mi casa – muchas demasiadas cosas -. No entendía muy bien qué
le pasaba. Porque éste, seguía siendo el mismo inepto que había insistido hasta
el cansancio hace unos meses, pero ahora no se cansaba, como antes, de leerlo
una y otra vez. Y quería hablar con él, pero cada vez que lo hacía terminaba
diciéndole que no y casi que discutían. ¿Cómo podía ser que discutieran si no
se conocían?
Para ese entonces ya ni recordaba
antiguos amores. Su mente estaba concentrada en decidir si derribaba el muro de
las emociones o lo dejaba como estaba y seguía pateando cabezas masculinas por
ahí. Este personaje en particular la confundía. Estaba casi segura de que no le
interesaba, pero no podía dejar de interesarse en cualquier tipo de intercambio
de palabras con él. Por su parte, el muchacho se había dado cuenta de eso y
aprovechaba para ganársela en pequeñas cuotas. Un mensaje de dos palabras le
hacía el día. “SOS HERMOSA :)” le decía, aunque nunca la había visto más que en
fotos, y ella sonreía. Y enseguida le contaba a él que sonreía, por eso insistía
el muchacho.
Había conseguido estirar todo con
un “capaz el año que viene podemos conocernos”. Tan elocuente, faltaban 15 días
para que empezara un nuevo año, pero a él no le había causado nada de gracia.
Estaba muy ocupada, decía, finales en la facultad, su propio cumpleaños, y ya
había arreglado cosas para el resto de los días. A él seguía sin causarle
gracia, pero nunca había estado tan cerca de la victoria, así que fue paciente.
Por lo pronto, el saludo de
cumpleaños la hizo sonreír en secreto, una vez más. Ya se atrevía a decirle a
él también que era lindo y que tenía ganas de conocerlo, solo que no quería ir
a su casa porque nunca lo había visto y le daba vergüenza. – Es para conocernos
nada más, si querés charlamos de una punta de la habitación a la otra, solo
quiero verte. – Por vergüenza decía ella, nada que ver con el asunto de que
fuera en su casa, es que le daba vergüenza. Tenían que salir a algún lugar,
pero cierto que él no salía porque era un chico de lo más raro. Entonces lo
pensaba mejor y no sabía si quería conocerlo en realidad.
Cuando pidió tres deseos el día
de su cumpleaños, uno fue dedicado a Boca, el club de sus amores (y uno de los
motivos por los que lo había llegado a estar en contacto con él), otro se
perdió ente varios anhelos anónimos y al rato lo había olvidado, y el tercero
se lo dedicó a él: “espero que nunca seas parte de mi vida”. No sabía por qué
había pedido eso, si estaba casi arreglado un encuentro para, finalmente,
conocerse. Algo adentro suyo pedía a gritos que no fuera a meterse en ese
lugar, era el muro de las emociones, que no quería ser derribado y hacía
fuerza. O capaz era una señal. Meh, no era nada. En su momento no le dio tanta
importancia.
Cuando faltaban tan solo dos o
tres días para que llegara la noche de año nuevo acordaron que la semana
entrante era ideal para conocerse. Lunes 3 habían dicho. Si ella no quería ir a
su casa entonces iban a recurrir a un encuentro naïf a la luz del sol,
completamente apropiado para personas que no se conocen. Pasaron los días y en
las vísperas de ese encuentro dejaron de hablar. Ella ya se había ilusionado de
algún modo, incluso habiendo deseado alejarlo de su vida, incluso aunque
todavía no la convencía nada de él.
Llegó ese lunes. Ella esperaba
una confirmación que no llegaba. Por su parte él hacía lo mismo. No sabían que
iban a arruinarlo todo. Entonces a ella le sonó el celular. El mensaje decía
que si no tenía ganas de verlo al menos podría haberle dicho que no. No
entendía nada, había estado toda la mañana esperando un mensaje que dijera
“pasá a tal hora” y en cambio recibía su enojo resumido en una frase corta.
¿Qué más podía pasar? Discutieron como si se conocieran, de nuevo, como una
pareja desgastada por los años compartidos. No se conocían, y esta no iba a ser
la fecha indicada para que finalmente lo hicieran.
Como era costumbre, al día siguiente
él se había olvidado de lo sucedido y le hablaba como si nada. Ella había
decidido que quizás no era tan malo ir a su casa, él decía que era para
conocerse, nada más, y ella no sabía porqué, pero le creía. La fecha suplente era
el viernes de esa misma semana. Viernes. Cuatro días más y se terminaba esa
ridícula virtualidad.
Todo iba bien hasta que el jueves
él se sintió gracioso y se le ocurrió decir que lo del viernes estaba en duda,
por si ella llegaba a arrepentirse y le daba vergüenza de nuevo. Siguió
ganándose su odio de a poco, y discutieron hasta que él se cansó de hablar y se
fue. Siempre hacía eso, la dejaba hablando sola y después volvía, como si nada.
Pero ella le daba permiso para que lo hiciera.
Esta historia estaba destinada a
fracasar.
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