lunes, 1 de diciembre de 2014

Mirame de nuevo.

Hay una cosa que quiero preguntarte antes de que me mires a los ojos.
Es que tengo miedo de que esto termine como siempre.
Yo no sé querer a nadie pero a veces siento que tengo ganas.
No es que esté pidiéndote eso.
No me atrevería.
Intuyo que estoy cansada de las miradas que expiran en tan poco tiempo.
Y no creo que pueda volverme invisible.
Así que podés mirarme todo el tiempo que quieras.
Si querés.
Yo te miraría hasta quedarme dormida al lado tuyo.
Y soñaría que me seguís mirando.
Porque no necesito coleccionar miradas.
Sólo quiero que te quedes un rato.
Y un rato puede durar un montón de tiempo a veces.
Por eso te digo que si vas a irte rápido ni vengas.
Prefiero cuidarle el lugar a quien quiera ocuparlo.
Decime, dale.
¿Abro los ojos o no?

domingo, 3 de agosto de 2014

Romper.

- No me querés. Es obvio.
- Está bien, como digas.
- ¿Ves? Ni siquiera intentás contradecirme, no me querés.
- ¿Para qué voy a contradecite si vos siempre pensás lo que querés? No podés mirar a nadie que no sea vos, y yo no soy vos, por más que quieras.
- Andate a cagar.
- Tengo razón, ¿Viste?
- Andate a cagar.
- Ya me dijiste eso, ¿cómo no te voy a querer? si no te quisiera no soportaría ni un ratito estos desplantes ridículos que hacés. No sé que te pensás que porque no te querés vos no te puede querer nadie. Mejor no empecemos.
- ¿Mejor no empecemos qué? ¿Vos te pensás en serio que yo no me quiero? a ver, ¿De donde sacaste esa pelotudez?
- Es obvio, si no no arruinarías todo. Digo, eso es lo que decís vos "arruino todo lo que toco", si te quisieras no necesitarías decir todas esas imbecilidades que decís sobre vos.
- ¿No ves? No entendés nada. Todos piensan que me quiero poco, ojalá fuera eso. Al final sos cualquiera vos también.
- ¿Ojalá? decime, dale, de qué carajo hablás ahora.
- Esto, el problema que tengo es que me quiero demasiado como para pertenecer a cualquier cosa. Por eso me arruino sin parar, para salvarme no sé de qué.
- No tiene sentido lo que estás diciendo, cortala.
- Para mi sí tiene sentido. Me quiero tanto que mientras pueda evito arriesgarme a perderme en cualquier cosa. Mejor romper todo antes de que todo me rompa.
- Cada vez se pone más raro lo que decís...
- ¿Raro? Adentro mío hay un mundo perfecto, que no existe, claro. No me gusta pasarla mal y a veces siento que ese es el único camino, por eso me freno antes de ser parte de nada. Es una trampa que me armé yo, y ahora no sé cómo salir. ¿Seguís pensando que no me quiero?
- Ya no sé qué pensar. No sé qué me estás exigiendo si no podés querer nada. ¿Qué hago yo acá entonces? ¿Qué hacés vos pidiéndome que te quiera? 
- No te pedí nada yo, solo dije que no me querías. Es fácil lo que digo, ya sé que estoy lejos de cualquier tipo de perfección, pero no me hace falta ser nada más. Mi mundo, vos, esto que tenemos sí es perfecto, pero no existe nada. Te acuso porque creo que a vos también te quiero y siguiendo esta dinámica de mierda es el momento en el que tengo que arruinarlo todo para salvarme de que algo pueda salir mal.
- No termino de entender si lo que me estás diciendo es bueno o no.
- Decime que me querés vos también y, te prometo, voy a dejar de romper todo.
- Te quiero, pero ahora tengo miedo.
- No te asustes. No voy a hacerte nada malo.
- ¿En serio me decís? después de este discurso de auto-amor y odio, o lo que sea, no sé que pensar.
- Olvidate de toda esa mierda, y si no podés pensá en que aprendí a querer algo que no soy yo y fue todo gracias a vos.
- Me estás convenciendo, me parece. Igual no te confíes tanto.
- Dame un poquito más de tiempo y vas a ver, lo que menos quiero es romper esto y por eso tuve miedo. Te juro que nunca antes me había pasado.

lunes, 28 de julio de 2014

No significa nada.

Quizás porque nunca había aprendido como querer, nadie le había enseñado los pasos a seguir para cuidar una planta y que creciera fuerte, o que al menos creciera. Sus relaciones, si podía llamarlas así, habían durado lo que un suspiro, de esos bien profundos y sentidos pero cortitos, porque los pulmones tampoco guardan tanto aire. Enseguida le costaba respirar y tenia que huir corriendo como podía de los monstruos que ella misma se creaba.
Un beso no se le niega a nadie decía, y entonces besaba. De a poco su lema se fue deformando, porque mientras no tuviera que decir te quiero podía ofrecer lo que fuera que el otro que tenía en frente quisiera de ella. - Para mi un te quiero es mucho más groso que cualquier otra cosa que pueda hacer con cualquiera, por eso no me importan sus malditos pasos a seguir - decía primero. - ¿Querés que te diga? Ésto no significa nada para mi, vos porque siempre cogés con el mismo, si no hay amor no significa absolutamente nada - completaba enseguida. Y en verdad creía lo que decía, porque no sabía que eso adentro suyo que siempre estaba vacío podía llenarse de algún modo.
Cuando alguien le interesaba más de la cuenta su estrategia era la peor de todas. Empezaba por lo que mejor le salía, porque pensaba que quizás con el tiempo podría mostrar quién era además de qué cosas había aprendido a hacer, y de repente todo podía cambiar. Como si las secuencias que ella misma digitaba fueran a permitirle expresar algún tipo de emoción o sentimiento sin arruinarlo todo.
A veces se cansaba de tantas caras con la misma expresión de ausencia, había facciones que no conocía porque nunca le habían hablado de amor. - Es una responsabilidad tan grande querer, a veces prefiero hacer el trabajo que conozco y me salvo de tener que cuidar de la vida alguien más - intentaba convencerse. Pero en el fondo más oscuro y prohibido de su mente una voz que casi no reconocía le pedía encarecidamente que se animara a querer bien, que lo intentara, que dejara de engañarse y engañar, que encendiera la luz. No, aún no era tiempo de escucharla. Apenas pudo la encerró y perdió la llave entre algunos labios con los que sabía, lo más probable era que no se volviera a cruzar. Todavía no sabe cómo.

Pasos a seguir para vivir como si estuvieras muerto.

Nace el día y florece el bien, mientras que la noche oculta al mal pero está repleta de placer. Encargate, en primer lugar, de que el día te canse; y que la noche te atrape, te lleve al éxtasis, pero te de miedo y no te deje salir. Porque si hay sol todo es perfecto, pero la perfección es agotadora. Hacen falta, por eso, los días oscuros. Es que si llueve o hace frío vas a tener más ganas de morir que de caminar.
Si te preguntan cuáles son tus sueños deberías poder responder que ninguno, porque tu mayor sueño es no tener ningún sueño para no conocer jamás lo que es la desilusión. Querés saber de todas las cosas que existen y vivir todas las experiencias para saber que sabés todo pero no quedarte con nada, porque quedarse con lo que sea es demasiada responsabilidad. Por eso tampoco te vas a quedar con nadie que se acerque lo suficiente como para comprometer tu realidad, porque cargar en tus brazos la vida de alguien es, en serio, demasiada responsabilidad. Tenés la certeza de que las responsabilidades son lo peor que existe, por eso es más fácil ser la persona que siempre puede fallar. Aunque conozcas casi todas las cosas que existen y sabés que podrías hacer magia con tus manos y tus ideas, mantené siempre el perfil insolvente y que no se corra la bola de lo que valés, porque podrían llenarte de compromisos que no deseás. Nunca busques el éxito porque es mucho más fácil encontrarte con el fracaso, con ese ni siquiera vas a tener que forzarte.
Y si ocasionalmente tenés un día bueno alegrate y hacé quilombo, gritá y que se sienta en un radio de al menos tres quilómetros. Porque cuando se te pase, el descenso va a ser tan horrible que vas a arrepentirte de no haber aprovechado lo suficiente el instante cielo que dejaste pasar por miedo a que después vivir contento se convirtiera en una nueva responsabilidad.
Esto último, escuchame bien, es lo más importante de todo. Nunca escuches a alguien que quiera venderte un gris. Quedate con la certeza de que no hay más que día o noche, ilusión o desilusión, responsabilidad o libertinaje, éxito o fracaso, Felicidad o tristeza, ganar o perder, blanco o negro, nunca un color. Porque, ¿sabés qué? El día que alguien te haga levantar la mirada y te muestre otras opciones te vas a dar cuenta de que nada es tan absoluto y no te va a quedar otra que crecer. Y cuando crezcas nada de lo que creías podrá seguir siendo cierto, porque tu mundo te va a quedar chico, ya no vas a tener lugar. Vas a querer ofrecer tu vida a otros y hasta cambiar sueños por intentos. En serio, nunca mires a quien te ofrezca grises a menos que estés listo para salir de tu cuartito de verdad.

lunes, 7 de julio de 2014

Papel reciclado

Estoy escribiendo en este cuaderno, que costó como ochenta pesos pero tiene hojas lisas y un gatito en la tapa, porque necesito que aunque sea estas páginas de papel reciclado sepan todas las cosas que tengo adentro y nunca puedo decirte. No puedo porque no tendría sentido decirte nada, porque lo nuestro no son las palabras, porque ninguno de los dos las deja pasar.
A veces pienso que la soledad da tanto miedo que necesitamos hacer cualquier cosa para estar un poco menos solos, y ¿sabés? la mayoría del tiempo nos estamos haciendo mierda. No digo vos y yo, es una cosa de todo el mundo. Hacemos lo que esté a nuestro para que nos vean, porque a la vez nada de lo que hacemos tiene sentido si no nos están mirando. Perdí la cuenta ya de las veces que me contaron sobre gente que se trata horrible pero sostiene relaciones espantosas porque basura es mejor que nada. Y no digo que entre nosotros haya mugre, si así fuera no me tomaría el trabajo de escribirte, bah, de escribir esto que estoy pensando hace un rato. Hasta estoy considerando la posibilidad de mandarte todo en una carta por correo. ¿Cuanto saldrá una simple? La última vez que mandé algo me costó $2,50, ni me acuerdo para quién era. No sé que pensarías si recibís esto por debajo de la puerta, porque viste que lo nuestro no son las palabras.
Algunos días te miro fijo y prefiero quedarme callada, porque si dijera todo lo que pienso podrías asustarte y no volver nunca más. Otras veces necesito decirte que tengo mucho miedo. Miedo de que me quieras, y más miedo todavía de que no me quieras y te hagas humo en un instante. Siento que yo no brillo tanto cerca tuyo, pero no quiero hacerme invisible. Necesito que me veas, solo un poco. No sé si quiero mostrarte todo pero, por favor, no mires para otro lado. Me doy cuenta de que a veces caminamos como ciegos. No queremos ver nada de lo que pasa al rededor nuestro, mejor ni ver qué estamos haciendo. Porque quizás no estamos haciendo nada, o lo que hacemos está tan mal que mejor no mirarnos todavía porque no estamos listos para perdernos.
Es posible que de algún modo sea necesario que te diga lo que pienso para que sepas con quién estás por mirarte. Si te asustás es cosa tuya, y yo me salvo a tiempo de que me lances al vacío y pegues media vuelta sin dejar rastro. Porque cuando queramos acordarnos vamos a estar los dos metidos en una licuadora, bailando entre frutas de estación y hielo picado, atrapados entre nosotros; rompiéndonos la cabeza pensando en cómo salir sin esperar a que otro saque la tapa. No quiero que pienses que estoy exagerando, quizás en un tiempo hasta nos gusta el licuado y no hace falta que andemos esquivando frutas; pero dejame ahora que te cuente esto que pienso, aunque entre nosotros la cosa sea jugar a que no pensamos.
Si te llega esta carta por correo tené en cuenta que arranqué una hoja del cuaderno solo para contarte lo que pienso de nosotros, para reciclar esto que tengo adentro en vez de tirarlo a la basura. Y si no te llega jamás, es probable es que haya descubierto que es estúpido arruinar nuestra caminata lunar llenándola de gravedad cuando podemos jugar a que el universo es nuestro sin preguntarnos nada. En ese caso espero que lo nuestro no sean las palabras, por lo menos de acá a lo que dure nuestro universo.

viernes, 9 de mayo de 2014

Doña muerte y su sombrero floreado

Hay un momento bastante temprano de la vida en el que a la gente grande la mirás desde abajo y pensás en que algún día muy lejano vas a ser como ellos, o no pensás, porque te da mucho miedo saber que algún día vas a ser como ellos. Del modo que sea, ese muy lejano se te cae encima cuando la vida te sorprende antes de lo que esperabas, pero es a la vez tan lejano que se vuelve un espejismo y es imposible de alcanzar.
Entonces un día te mirás al espejo y sos una persona, pero no sabés bien cómo. Cumplís horarios, un rectángulo de papel impreso dice que sos profesional e igual seguís estudiando porque hay que correr siempre atrás de algo que andá a saber qué es. Y te llenás de listas con pendientes, te olvidás de la gente que querés, y dejás un poco las cosas que te gustan porque hay asuntos más urgentes, mientras que otras que antes te entretenían de a poco te dejan de interesar y ya no te divierte ser como alguna vez fuiste. Y te cansás de la gente, pero tampoco aguantás vivir sumido en la más monótona soledad. Y empezás a ver que nada alcanza, que podrías y hasta deberías dar siempre un poco más, y te dicen cómo ser mejor; tenés que aprender a no estar cómodo y no podés tener miedo porque para eso tuviste tiempo cuando mirabas desde abajo. Ahora ya estás arriba, pero tenés cada vez más miedo, no sabés cómo se mira al horizonte y parece que todos saben, entonces por las dudas también les tenés miedo a ellos, y sin darte cuenta te convertís en tu miedo, y en todo lo que hacés hay miedo, y para cada paso tenés una pregunta que solo podés responder con otra pregunta o con más miedo, ¿quién me mandó a estar acá? ¿por qué tengo que bancarme todo esto? Y si tenés miedo no tenés ideas, entonces no podés responderte y ahora aparte de miedo tenés la frente llena de signos de interrogación y no ves nada.  No te queda otra que imporvisar, pero sentís que de a poco te vas gastando, porque no tener planes es a la vez no tener metas, y como no tenés metas no llegas nunca a ningún lado y te cansás de tantas preguntas, pero también te cansás de todo lo que tenés que hacer y te gastás. 
De repente te volvés a mirar al espejo y ya no sos el futuro sino que sos la muerte, una diferente cada día, con un sombrero grande lleno de flores que esconde las preguntas, y los ojos pintados para que no se note el miedo.
Cuando de suerte te escapás un ratito de todo eso te reís y sentís que volviste de la muerte, que no era tan definitiva, que hay un lugarcito en el que todavía tenés chances de brillar; pero cuando retornás al exilio de todos los anhelos no volvés a ser el de antes, sos a medias y estás esperando ansioso la próxima muerte, porque si de algo podés estar seguro en esta vida es que cada tanto te toca morir. 
Alguna que otra teoría dice que si volvés de alguna muerte y tenés la chance de seguir viviendo, podés aprenderte bien cómo fue que llegaste hasta ahí para no volver a tomar ese camino. Si es cierto que de cada muerte se aprende un poquito que vengan todas con sus sombreros, entonces, porque no vemos la hora de que nos enseñen a matar al miedo para mirarnos al espejo y no ver sólo huesos. 

lunes, 7 de abril de 2014

Te espero temprano

Estoy por despertarme, casi me doy cuenta de que esto no es la vida real, pero podría parecersele un poco. No quiero despertarme, de verdad no quiero. Estoy sentada en la cama de una habitación como la mía. Las paredes son distintas, la cama está en otra parte y la puerta corrediza de vidrio es la misma, pero las cortinas son de otro color. Está la luz apagada, aunque un pedazo de sol viste todo con su brillo. Ahí estoy, no sé si tengo miedo, no sé si estoy nerviosa, no sé si no entiendo que va a pasar. Estoy esperando algo, creo que a alguien. Miro hacia la puerta, lo poco que se ve entre las cortinas semi abiertas. Alguien que se acaba de ir está por volver en cualquier momento. Algo le dije, algo tiene que contestarme, de algo no estoy segura. Un poco sé que estas emociones no son reales, pero no quiero despertarme todavía, no sin resolver el misterio. Quizás tengo idea de a quién espero, lo sé por cómo lo espero. Entonces dejo de pensar, no sé si dentro de mi historia o desde mi costado consciente que hace fuerza por despertarme, y cuando vuelvo a echarle el ojo a la puerta lo veo entrar. Mira sonriendo, se acerca, y se detiene en mis ojos durante lo que para mi son años, sin pestanear. Me pongo nerviosa, algo adentro mío golpea furioso, más que mariposas lo imagino parecido a un granizo de esos que rompen vidrios y asustan a la gente. Miro para otro lado sin dejar de morderme el labio, esta emoción se siente demasiado real como para no serlo. Ahora me está diciendo algo, me habla al oído pero no deja de mirarme, aunque me habla mi no entiendo bien lo que dice. Creo que lo escucho, pero en realidad no retengo ni una palabra porque sigo nerviosa, sorprendida, encantada, ansiosa, tanto que quiero romper platos usándolos como frisbees, algo. ¿Qué me estás queriendo decir? le digo, pero ahora no habla, ya lo dijo todo. Se toma menos de un segundo para volver a mirarme a los ojos, entiendo que quiere acercarse más, pero no le doy tiempo y el beso se lo doy yo. ¿De verdad está pasando? pregunto y sé que no, pero ahí mismo, dentro de esa historia me digo qué sí. Dejá de pensar ahora, eso me digo. La euforia es tal que casi abro los ojos, pero justo a tiempo vuelvo al beso, que dure un ratito más. Ahora que todo es victoria, recuerdo que al principio estaba llorando, un poco antes de sentarme en la cama a esperar. Sigue sin decir nada pero me seca lo que queda de esas lagrimas que quedaron viejas. Nunca me sentí tan a gusto en un momento como este, semejante a lo que detesto por demasiado romántico. No entiendo cómo, cómo experimento así la certeza de que podría quedarme por siempre en esa mirada; que, por cierto, creo que estoy inventando porque casi no la conozco. Tampoco cómo puedo tener tan claro que no está pasando pero a la vez sentir que me quedaría acá para siempre, es que casi siento el roce de sus labios, que también son inventados. Ahora soy yo la que sonríe, y hago algo con la cara; no sé bien, eso que te sale cuando querés a alguien que te está queriendo también.
Un poco más abajo del cuello, tirando al lado izquierdo, siento como una cosa que hace fuerza desde adentro y me cuesta respirar, pero se siente increíble al mismo tiempo. Quiero mover el brazo hacia mi pecho para avisarle que afuera todo está muy bien, pero no me responde, de nuevo recuerdo que en realidad no estoy ahí. Es justo en este momento cuando todo empieza a perder sentido. Estoy a punto de increparle que no es de verdad, que deje de engañarme, que si en realidad hubiera querido decirme que sí su versión existente hubiera hecho algo diferente conmigo. Al mismo tiempo le pido a mi cerebro que aguante un poquito más, me lo pido a mi, no quiero salir de ese lugar; de la luz entrando entre las cortinas, la cama con acolchado bordó, su mano en mi mejilla y los ojos inventados, tan profundos. Pero es inevitable, sé que no es su culpa no ser real; sé que soy yo por querer lo que no existe y pasear sin correa a las esperanzas, la fantasía y todo eso, pero sobre todo la culpa es de la fantasía.
Para cuando quiero darme cuenta ya abrí los ojos, una milésima de segundo, lo suficiente para ver al sol de verdad que se asoma entre las cortinas del que sí es mi cuarto. Vuelvo a cerrarlos rápido pero ya es tarde, mi cuerpo se mueve un poco para avisarme que estoy de vuelta. Los mantengo cerrados buscando su mirada, pero no vuelve. Aunque haga fuerza, aunque intente inventarlo. Ahora solo queda un recuerdo vago de esa sonrisa y las palabras que no le escuché decir.
La próxima vez que vea pasar un avión voy a cruzar los dedos para pedir que mis sueños, sobre todos éste, sean el trailer de lo que tarde o temprano va a suceder. Te espero temprano, mejor.

martes, 11 de febrero de 2014

Tráiganme lejos

Resulta que no te diste cuenta pero de repente tu vida se volvió tu peor pesadilla. Te levantabas a la mañana con 45 quilos de más en cada hombro, te dolía tener que levantarte para salir y hacer las cosas de todos los días. Los horarios no importaban, los lugares no importaban, la gente no importaba. Las caras eran todas iguales, lo mismo las conversaciones. La ropa no te quedaba linda, el pelo nunca peinado, la espalda siempre encorvada. La siesta, la única salida ansiada.
De a poco esa vida te fue arrinconando, te puso contra la pared y te cercó los costados. Te cubríó con un techo negro y te polarizó los ojos para que no vieras el sol. De veras no te diste cuenta, pensaste que ese cuadradito oscuro era lo normal, lo  que existía, que tenías que quedarte ahí.
Sin espacio para moverte, sin peinados que mostrar, sin gente a quién querer mirar a los ojos.
Cuando parecía que te crecían raíces en los pies, saliste. Te fuiste lejos, te fuiste mucho. Viste caras, sentiste el roce de otra piel, escuchaste voces, te sacaste el peso de encima, te levantaste sonriendo, quisiste hacer cosas, muchas. Te vestiste bien, te peinaste un poco, volviste a sonreír, descubriste que no hay paredes ni techo si uno no los deja quedarse.
Después de un tiempo no quedó otra que volver a tu cuadrado, con el interior expandido y el exterior exultante. Ya no hay espacio en tu rincón del mundo. ¿Así se siente sentir que querés quedarte para siempre un lugar? No un lugar físico, bah; sí un lugar real en el que pisás el suelo, pero que es puente para que veas dentro tuyo el cielo. Podés ser increible, ahora querés ser increible. Sin muros, sin cielo raso, sin los ojos tapados. ¿Cómo se vuelve a un lugar en el que nunca quisiste estar? ¿Cómo te olvidás del lugar en el que quisiste volver a vivir? Es difícil pero así, que no se te escape nunca que la clave no está en el aire que respirás, sino en las ideas que cocinás.

martes, 3 de diciembre de 2013

Criptonita

Todas las personas deben tener un punto débil y de inflexión frente al otro. Un talón de Aquíles, ese pedacito de hectárea en el el que es imposible no ceder, no rendirse ante lo inevitable.
Remitiéndome a mis hechos, no todas las personas son capaces de generar algo en mi. A veces siento que soy impermeable, aunque quizás me haya comido el personaje, de veras pareciera que resbalan en mi las cosas que me dicen, las experiencias de otros, las preguntas, los consejos, sus modos de ver, lo que sea. Pero no hay nada que sea indestrutible, ni siquiera el (que quiere ser) invencible chabón ese de hierro. Si al tipo que vuela y rompe meteoritos, una piedrita verde puede volverlo de papel ¿cómo no va a pasarle nada a este cosito impermeable que acampa adentro mio?
No hay cosa más complicada que ser visto por alguien, que te vea de verdad, hasta en donde vos no te querés ver, que festeje lo que sos y quiera compartir un poco de eso; y ahí nomás se aburra y empiece a actuar como si nunca hubiera sido como la piedra verde, volándole el sobretecho a la carpa de la impermeabilidad.
Lejos de ser amiga de las odas y los elogios, escapa de mi mente el comprender por qué alguien querría poner tantos esfuerzos en crearse un mapa del interior de otra persona que después no va a usar para nada.
Recién ahora, con mucho esfuerzo, comprendo que la forma para quién sea, de tocarme como criptonita en lo más profundo de mi ser, es llenándome de caminos nuevos que más tarde no va a recorrer. Tantas veces presa de ese mal, escapan de mi horizonte quienes buscan abrir caminos y no abandonan la nave. Es que, ay, si ya me viste y ahora no querés mirarme más; necesito, mínimo, que me expliques que pasó. Y si puedo convencerte de que me mires de nuevo, mejor. No puedo romper de ninguna manera este lazo inexistente que nos une, porque ahora sos el mejor forastero que jamás buscó abrirse camino, hasta que otro me vea maravillosa por un par de horas y se le pase como a vos, entonces tu fantasma va a tener otro que lo remplace, felicidades.

lunes, 11 de noviembre de 2013

Agua qué hay en la luna.

El agua se caía de la luna como agua que cae al río como catarata como la ola cuando rompe en las piedras y salpica como charco atravesado por una moto cuando llueve como la ducha encendida como la lluvia con sol como el agua que se caía de la luna. Pero la luna no tiene agua. El agua es un espejismo porque la luna está seca y si no cae agua no cae la luna como agua que cae al río porque la luna es un espejismo porque estamos ciegos porque no podemos ver el agua que cae de la luna que no cae nada porque la luna es un espejismo pero cae toda porque es como la ola en las piedras la moto y el charco la ducha encendida el agua que se caía de la luna como la vida que se cae como el agua como la luna que también es un espejismo.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Muerte

No digo que quiera hablar sobre muerte. Nadie quiere hablar sobre muerte cuando la vida en la tierra es tan linda y hay tanto que probar. Es mucho más fácil de lo que parece, digo, hablar de muerte. Porque la muerte está en todos lados. Un poco como muerte, y un poco como otras cosas. Tampoco me parece que sea tan mala la muerte, porque es la que le da sentido a la vida; a no dejar todo para mañana porque de a poco se termina el tiempo. Ese tiempo que en realidad no existe, pero existe, porque si la vida se agota hay que medir cuánto queda para no matarnos demasiado temprano.
En realidad me parece que cuando digo muerte lo que quiero decir es más bien algo como esto; el colchón de la cama hundido, los cajones a medio cerrar, el espejo sucio, el escritorio lleno de cosas, la montaña de ropa arrugada en la silla, las medias sucias por el piso, la repisa bañada de polvo, los libros desordenados, cables enredados en una caja, dibujos sin terminar apilados en un rincón, velas consumidas. las paredes con manchas de humedad, la cortina rota, las bolsas vacías, los papeles de caramelo en el piso, el polvo de una sombra rota esparcido por el acolchado, el despertador sin pilas y los lápices sin punta. Porque muerte no es morirse desangrado, o de un paro cardíaco, o dejar de respirar. Muerte es taparle las cañerías a las ganas, hacerle un piquete a los planes por nacer. Muerte es que no te den ganas de terminar nada de lo que empezás, no querer el lugar en el que estás, elegir cualquier cosa antes que elegirte. Muerte es hacerte amiga del hueco del colchón, de los papeles de caramelo, los dibujos sin terminar y el polvo que se acumula en los muebles. Muerte no es tanto morirse, sino más bien dejar que la vida te mate.
Yo no quiero guardar la ropa de la silla, ni sacarle punta a los lápices. Yo no quiero que la vida me mate.

viernes, 16 de agosto de 2013

Raíces en el cielo

Uno bien suyo, el más importante y soñado de todos, había sido el sueño de volar. Desde muy chico había visto a los aviones pasar, de un lado para el otro, le llamaban la atención. En su barrio todos se tapaban los oídos cuando alguno pasaba un poco más cerca, pero a el le gustaba el ruido, la forma en que hacían vibrar la tierra, el silencio que dejaban cuando se alejaban, y nunca dejaba de preguntarse por qué volaban. Pero más que nada lo encandilaba el aleteo de las palomas. Nadie prestaba atención a las palomas, estaban por todos lados, parecían un plaga y no hacían más que molestar. Pero para él no significaban solo eso, las palomas sabían volar, planeaban con sus alas y podían transportarse de un lado a otro surcando el cielo, dibujando formas en el aire, acariciando a las nubes.
El tiempo pasó, los años terminaron uno detrás de otro, y él no dejó de mirar a diario a las palomas y la destreza con la que movían sus alas. Llegó cierto día el momento de elegir una profesión. No había dudas, él quería volar. Volar muy alto, volar todos los días, como las palomas; conocer el cielo, ser parte del cielo, ser del cielo. Parecía entonces ideal y única solución el plan de estudiar aviación, una vida dedicada entera a volar.
Lo hizo entonces. Se recibió de piloto con honores y comenzó a volar con mayor frecuencia cada vez. Desde pequeño soñaba con volar y ahora era él quién conducía las naves que alguna vez había contemplado celoso desde el suelo. Sin embargo, no se sentía del todo satisfecho. Él quería volar, bien lo sabía, él quería conocer el cielo; pero quería no solo conocer el cielo, él quería ser del cielo.
Llegó a ser un gran piloto. El primero en la compañía, los mejores horarios y destinos, fines de semana libres y un salario que no solo alcanzaba sino que sobraba. Había sido condecorado varias veces, y era respetado entre los aviadores más respetados. A los ojos de los demás cumplido su sueño, pero su corazón estaba triste porque, aunque casi a diario sobrevolaba tierra y mar, nunca había conocido el cielo. Su sueño de volar lo miraba incompleto, después de tantos años.
Todavía seguía envidiando a todas esas palomas que teñían de diferentes grises la ciudad. Estaba encerrado en ese destino privilegiado. Encerrado, como en una pecera, del otro lado del vidrio lo saludaba el cielo, ese que por haber echado raíces en la tierra nunca pudo alcanzar.
Al final aprendió a querer al suelo. Él, bajo sus pies, le había dado todo lo que tenía y no podía pedir más. Tenía que reconocer que nadie había estado más cerca que él, del azul que lo envolvía cada vez que trataba de alcanzarlo. Todavía le faltaba mucho suelo para ser del cielo.

martes, 30 de julio de 2013

¿Que qué es querer?

Si por algún motivo me hicieran responder cómo darme cuenta de que quiero a alguien, si nunca quise y digo que no sé querer; diría que no tengo respuesta para tal pregunta, pero sé que estaría mintiendo. Sí sé cómo darme cuenta de que quiero a alguien, aún cuando ese alguien es nadie y lo que quiero es poder quererlo.
La verdadera respuesta diría de mí que quiero a alguien cuando quiero que caminemos por la calle juntos, vayamos al cine, comamos helado, miremos Los Simpson, durmamos la siesta, ordenemos libros en estantes, y nos miremos al espejo. Sabría que quiero a alguien si me muero por su nariz, si no me importa que zapatillas tiene puestas, o si la remera que está usando combina con el pantalón. Si quiero verlo peinado o despeinado, si me gusta cuando se queja, o cuando bosteza, o tiene calor. Si quiero conocer qué cosas lo ponen de mal humor, si se me viene a la mente cuando necesito decirle a alguien que algo me asusta o me da bronca, de seguro sería porque lo quiero. Si quiero saber cuántos abrigos usa en invierno, o averiguar si prefiere el ventilador antes que el aire acondicionado. Si con frecuencia forma parte de mis sueños con los papeles más insólitos y quiero seguir durmiendo para que no se vaya. Cuando quiero conocer las cosas que le gustan o me pregunto cómo será con el resto de las personas. También si busco coincidencias estúpidas entre nosotros. Si me pasa que ver su sonrisa aunque sea en una foto me provoca a mi sonreír, y no puedo evitarlo aunque sea asquerosamente cursi. O cuando puedo proyectar mi imaginación mucho más lejos de lo que habitualmente puedo si es que está en mis pensamientos. Si siento deseos de contarle muchas cosas de las que generalmente no hablo porque me dan vergüenza. Cuando cierro los ojos muy fuerte y tengo ganas de gritar porque una supernova está por explotar en mi pecho. Ahí es cuando me doy cuenta de que estoy frita y digo, aunque diga que no sé querer porque no, si supiera serías la primer opción.
También yo sé que en realidad casi no nos conocemos porque no. Pero, a veces y todavía, me doy cuenta de todo esto y hago como que no sé aunque quiero que me digas, ¿Qué decís vos?

domingo, 26 de mayo de 2013

Vestite y andate

Creo que ya elegí ropa para esta noche, voy a ir en pollera y remera. No, en pollera y camisa. O capaz puedo ponerme un vestido. Aunque tengo una remera nueva que quiero usar. Pero la remera no combina con los zapatos que quiero ponerme. No sé si me importa más la remera o los zapatos. Tengo que ver como combina la remera con la pollera bordó. Si queda mal no sé si quedarme con los zapatos y la pollera, o si quedarme con la remera y cambiar el resto. Ahora que lo pienso, esta remera me queda mal; es muy suelta y no es lo suficientemente escotada, estoy horrible. A ver, está el vestido con flores, y ese que tiene rayas, y el de las cositas de colores, el negro a lunares el otro de flores; no, pero ese último es muy de día. Sino puedo ponerme uno de los vestidos negros, aunque así voy a estar demasiado bien vestida. Puedo probar con la camisa negra transparente, aunque estoy usando un corpiño blanco y queda espantoso, mierda. Vuelvo con la opción de la primer remera, capaz si me cambio la pollera por una más corta y ajustada no queda tan mal. Así puede ser, aunque parezco una bolsa de papas, tampoco es que me van a mirar tanto. Ahora tengo que cambiar los zapatos. Tacos no quiero, botas no quiero, capaz zapatillas y al carajo todo. Ay, tampoco, con esta remera y zapatillas parezco un pibito. La otra camisa y zapatillas no combinan.Quizás alguno de los vestidos, pero hace frío ya, me voy a querer matar cuando espere el bondi para volverme. La otra remera que podía ser está para lavar, y con pantalón no tira nada ir. Sino no combino y ya fue, total quién se va a fijar. Creo que azul con bordó pegan, por ejemplo, puede ser esa remera azul con la pollera bordó. Y resulta que ese conjunto también es horrible y estoy espantosa. Un placard lleno para nada, qué mierda todo, no tengo ropa. Nada me queda bien. Me cago en todos, así yo no voy. Listo, aviso que no voy.

viernes, 24 de mayo de 2013

A prueba

No sé en qué momento todo esto dejó de tener sentido. No consigo darme cuenta de cuál fue el preciso instante en el que de verdad me volví loca, loca por vos. Creías que lo estaba desde antes, eso te había gustado de mi, y eso mismo fue lo que te alejó rápido. No estaba loca, de verdad no lo estaba, no hasta que vos no hiciste que lo estuviera.
Un día me invitaste a volar muy alto. Estabas poniéndome a prueba. A mi me dio mucho miedo volar así, casi ni te conocía, podía caer y perder todo; podía no querer volar y no saber como volver a la tierra si vos no me ayudabas. A mi me dio miedo y lo arruiné.
Pero el problema fue entonces, cuando me pareció que sí quería volar y el destino me pegó unas patadas para que lo intente. ¿Para qué? Tendría que haber imaginado que tan solo estabas poniéndome a prueba. Esa falencia en mi percepción y el poco sentido de este todo que también era una nada tuvieron la culpa. Yo no quería probar esto de enloquecer, eso dije desde un principio. Ahora, por favor, córtenme estas alas que son de hierro y me van hundir bajo tierra.

jueves, 16 de mayo de 2013

Dormir

Qué porquería el Invierno. A mi Me gusta. Y a mi no, es una mierda. Abrigarse es lindo, y dormir abrazados, y... Pará, ¿dormir abrazados? ¿qué es eso? ¿vendés colchones vos? No, no sé, pero en verano te cagás de calor durmiendo con alguien, tenés que reconocerlo. Meh, reconocer nada, si a vos te gusta sufrir el frío cosa tuya, yo duermo con quien quiera cuando quiera; al carajo esas mersadas de la cucharita y el no sé que, poesía barata. Bien que te gusta más dormir con alguien que con nadie. "Con nadie", con nadie es una decisión. Claro. Posta te digo, no me van esas boludeces del amor, y el frío, y el amor, y abrazame, y el amor, y vení a dormir conmigo que tengo frío, y el amor, y ay necesito atención todo el tiempo; tus pies fríos a mi no, atragantate con un té anti-gripal. No te creo. No me creas. Si decís que no te gusta es porque no tenés. Si digo que no me gusta es porque hasta que no me pase que me guste no me va a gustar. Ah, que fácil todo. ¿Qué querés? ¿qué llore amor y le pida abrazos a las bufandas? me cago en el frío y en el amor, o al revés, en el amor y en el frío, son lo mismo. Perdiste, no estabamos hablando de amor, ni de mersadas, o sí, de mersadas sí; halábamos de dormir con alguien para pasar el frío. Perdón, hablabamos de que el invierno es una mierda, y de que llenar la cama no justifica frío; si necesitás frío para meter a alguien en tu cama perdiste vos. No perdí yo, perdemos todos todo el tiempo; vos quejándote de cualquier cosa, yo tratando de justificar la limosna que es pedir un abrazo una noche de invierno. ¿Qué gracia tiene esta conversación? No sé, vos empezaste. No, vos. Bueno, ya fue, ya me dijiste todo lo que pensabas; seguro que si te invito a dormir esta noche o cuando sea vendrías aunque haga frío. Ajam, ¿vos decís? y yo creo que vos me invitarías aunque fuera 7 de enero con 45° a la sombra. Sí, tenés razón, bueno, ¿y entonces? ¿Entonces qué? No sé, nada, entonces nada. Ah, está bien. Bueno, creo que me voy a acostar a ver si duermo algo. Está bien, yo también quiero lo mismo. ¿Qué querés? ¿dormir o acostarte acá? No sé, lo que sea. Sí, ya sé, todos queremos lo mismo. Bueno, andate si te ibas. Ah, listo, si me lo pedís así me voy. Sí. Okey, chau. Chau vos, dormí.

sábado, 20 de abril de 2013

Cara de paisaje

A veces me olvido de tu cara. No es que me la olvide realmente. Digo, la vi tantas veces que no tengo ni que pensar cuando te recuerdo. Igual me olvido, de como movés las cejas, de cuán recta es tu nariz, de si te mordés o no el labio, de cómo se siente tu piel cuando te afeitás. Y me acuerdo de tu cara como me acuerdo de un paisaje, con vida pero inmóvil, una foto permanente. Sin expresión, vacío, porque así eras, vacío. A toda hora, todos los días, todo el tiempo, vacío.
A mi tampoco me gustaba jugar al romanticismo, ¿para qué? Es otra forma de mentirse. Lo que sirve es ir de frente, como salga pero ir. Eso te decía siempre. Tu problema era ese de no ir a ningún lado. Tampoco le veo la gracia, y por eso digo que tu cara es como un paisaje. Hermoso pero lejano, inmóvil e inmenso, sublime pero aterrador.
Otras veces me acuerdo de algunas cosas, una sonrisa quizás, pero no de cómo movías las cejas, o de si te mordías el labio. Esos son detalles, y entre nosotros no había detalles. Me acuerdo de todo lo que era relevante, de todo lo que era todo. De tus manos, de cómo me tocaban, de que tu pelo me hacía cosquillas cuando te apoyabas entre mis hombros. De tu respiración, rápida y después más lenta, después rápida de nuevo. De los besos en el cuello y de que me mordías las orejas, de que durábamos para siempre entre las cuatro paredes de tu monoambiente con ventana al pulmón del edificio, aunque no duramos.
Igual lo de las orejas sí es un detalle, pero no había mucho detalle entre nosotros, no lo necesitábamos. Tampoco al romanticismo, podíamos mentirnos de otras maneras. Yo te mentí, cuando te dije que así ya no quería no era cierto. Te mentí, no era por los detalles, pero nunca pude decirte eso del paisaje inmóvil, y de cómo me asustaba y me gustaba quedar atrapada ahí adentro de la foto. No quería detalles, y creo que te diste cuenta, pero no hiciste nada. Vos no querías darme detalles, porque nunca hacías nada, porque no ibas a ningún lado. Porque eras un paisaje, pero también eras el monoambiente, y no te asomabas ni a la ventana porque daba al pulmón.
Ahora creo que extraño tu respiración y lo de las orejas. A veces me olvido de cómo es tu cara y, si lo pienso mejor, creo que me molestaba cómo movías las cejas.

miércoles, 3 de abril de 2013

Sentido

Abro los ojos, quiero volver a cerrarlos. Los cierro pero tengo que abrirlos. Me levanto porque no me queda otra. Bajo la escalera con los ojos cerrados de nuevo. Me mareo y me salvo de caerme por un pelito. Me ducho, la ducha es aburrida. Nada tiene sentido. Me pongo lo primero que encuentro porque no me importa que me miren, aunque al final no me gusta como me queda y tardo mucho en decidirme. Me esperan con el motor del auto encendido, casi no me doy cuenta y salgo con el cepillo de dientes en la boca. Llego tarde a trabajar, porque llegar temprano es darle demasiada importancia. Trabajar es una porquería. Nada tiene sentido. No tengo ganas de saludar a ninguna de las personas con las que trabajo. Serán muy simpáticos pero no me interesa que formen parte de mi vida. Me pagan por estar cerca suyo unas cuantas horas al día, nada más. Una me cae mal porque tiene onda con el compañero con el que yo estuve hace un tiempo. Ni siquiera me interesa, pero me cae mal de todas formas. No sé por qué me pareció buena idea en su momento, no sé porqué me repele esta chica si a mi no me hizo nada. No, no me interesa. Mi jefa habla en tono neutro a veces, a mi eso me parece demasiado estúpido. Quisiera estar usando el celular, pero me miran de reojo cuando lo agarro y empiezo a tocar la pantalla. No veo la hora de irme. Me molesta abrirle la puerta a todas las señoras que vienen a hablar sobre sus hijos y sonreírles como si. Le grito al teléfono cada vez que suena porque odio atenderlo. Espero que nadie se de cuenta de que en realidad estoy disimulando mi cara de orto. Voy a tuitear que odio todo. Lo tuiteo, no me responde nadie. Todos me ignoran siempre. Nada tiene sentido. Hoy no voy a almorzar, no me hace falta. Ya casi es la hora de irme. Podría comprar ropa cuando salga de acá. Puedo probármela y mirarme en el espejo, y amarme, y odiarme porque me queda mal, y comprarla igual porque algún día me va a quedar bien. Ahora estoy yendo a almorzar. Al final no me aguanté. Quiero una milanesa napolitana con papas fritas y una coca de 600, por favor. No tengo términos medios, entre el no-almuerzo y esta bestialidad no había otra opción, una lástima. Ya me siento mal de todo lo que comí, pero no quiero dejar nada. Voy a comer hasta la última papa frita. No sé ni qué hora es porque no traje el reloj, y no quiero salir del juego para mirar la hora en el celular. Siempre me olvido el reloj porque siempre me olvido todo. Hace poco que uso reloj, además. Había dejado de usarlo a los 17, para poder mirar la hora directamente en el celular. En realidad hacía como que miraba la hora en el celular, pero quería ver si un chico me mandaba mensajes y esa era la única forma de disimular mi demencia. Nada tiene sentido. Estoy probándome una pollera, es un talle más chico que el mío pero me cierra. De ahí a que me quede bien hay un abismo. Si no hay una más grande la voy a llevar igual, era cierto lo que decía antes sobre comprar. Al final había, mejor, tenía que comprarla porque salió solo cuarenta y nueve pesos. Recién ahora miro la hora. Se hizo tarde y no llego ni ahí a la facultad. A quién le importa que yo llegue tarde. Si nada tiene sentido. Siempre que viajo en colectivo creo que es el peor viaje de mi historia. Este es el peor de verdad. Llevo una hora acá arriba y no estoy ni a mitad de camino. Llego una hora tarde a clase y el profesor dice en voz alta que no tenemos que llegar tarde. En la clase me va horrible porque es práctica tenemos que hacer cosas que yo no sé hacer muy bien. Aparte a mi me da mucha vergüenza todo. Quiero que termine la clase porque tengo que irme rápido para otro lado, y no termina, no termina nunca. Ya fue, me estoy yendo antes de que el profesor termine de hablar. Ni siquiera sé para qué hago esto. Digo, yo soy la que elije estudiar, ya sé, pero no me interesa nada estudiar  Quisiera tener la posibilidad de no hacer nada y que no esté socialmente mal. No sé detrás de qué estoy corriendo. Nada tiene sentido. Como si fuera poco me lleno cada día de más cosas. Ahora no sé si empezar Canto o conseguir una psicóloga. Pongo todas las cosas en el mismo rango de importancia. No sé cantar, no sé tomar decisiones serias. Más o menos es lo mismo. Voy durmiendo en el colectivo pero está empezando a dolerme el cuello, y si no me babeé todavía está por pasar ahora. Debería despertarme porque ya casi llego a casa. Capaz no voy a ningún lado ahora. Me apuro para llegar pero no tengo ganas. Si lo que quiero es quedarme tirada sin hacer nada. Mi cama es el lugar perfecto. Tengo que caminar seis cuadras hasta casa. No me gusta caminar por acá porque todos tienen pinta de que podrían llegar a robarte y si después no te pasó nada te sentís la peor persona por haberlos juzgado mal a todos. Quiero tomar Coca Cola. Mientras, no entiendo cómo hace la gente que roba, yo no podría ni aunque quisiera. Capaz soy muy buena, capaz muy pelotuda, pero no puedo entrar en la cabeza de alguien que cree que puede justificar el sacarle a otra persona una cosa suya. Nada tiene sentido. No quisiera prender la computadora porque me cuelgo y no hago nada más. Pero ya lo estoy haciendo. Facebook es una mierda de aburrido. No me interesa lo que le pase a nadie de las personas que conozco. Ay, alguien acaba de comentar una foto que subí a Instagram. "Qué lindos ojos que tenés". No puedo evitar sonreír y querer devolver el halago con un abrazo cargado. Así de la nada me cambia el día. Como si todo tuviera sentido. Yo creo que las personas vivimos para otras personas, o para nosotros, que también somos personas. El resto, todo, no tiene sentido.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Lenguaje Visual


Hoy tuve clase de Lenguaje Visual. No terminé de entender bien de qué va la materia. Tiene como ochenta niveles a lo largo de la carrera y son todos teórico-prácticos. Puede ser porque llegué tarde, y se me cerraban los ojos del sueño, y también porque estaba sentada en un costado, y desde ese ángulo tenía una vista casi panorámica de todos en el aula. Me distraje pensando en cosas, mirando a las personas. Nunca fui buena para prestar atención y nada más. Prestar atención es aburrido. Puedo escuchar mientras hago otra cosa, más aún, necesito hacer algo mientras escucho aunque no implique mover ni un músculo.
Estuve pensando en porqué estaba ahí, en esa clase, cuándo había sido que yo había tomado esas decisiones y de qué manera; Lo mismo pensé sobre el resto de los que compartían aula conmigo. 
Unas cuantas veces, gente que no tiene ni idea pero quiere opinar me dijo que iba a estar todo lleno de hippies ¿No es eso lo que puede esperarse del arte? Cosas como "preparate" o "vos vas a convertirte en una más". Por eso me resultó raro encontrarme con un único hippie en toda la clase, o al menos el único que en verdad se parece a uno. El pelo algo largo y desprolijo, una barba que ocupa el 90 por ciento de su cara, la ropa así no más y unas Topper de lona sucias. No parece muy mayor, así que tal vez es uno de esos hippies que son hippies subvencionados por sus padres. Hoy le discutió a la profesora que una fila de luces de Led no forman una línea porque no son puntos. A los hippies les molesta no tener razón. Pero, además de él, no había hippies. Algunas chicas con pelo de colores, el must si querés ser Cool y transgredir. Otras rubias de pelo largo con pantalones chupines y plataformas, casi todas tenían cara de pretenciosas. Y no puedo dejar de mencionar ese grupo de chicas que se creen distintas y despreocupadas, pero son como todas las demás. Flequillo cortito y quizás desparejo, y un estilo entre moderno y hippie; combinando estampados raros con prendas de moda, y poniendo cara de intelectuales y desentendidas. Después había mucha gente con lentes de marco grueso, otros tantos con Zapatillas Vans; y el resto era de esa de esa gente que nada, su cara no dice nada, su ropa tampoco, ni su pelo, ni los gestos que hacen, ni tampoco lo que dicen. No sé cómo hacen los nada para ser nada y no ser algo.
Hubo algunas personas que me llamaron la atención en particular. El chico ese con la remera de los Rolling Stones, era diferente a todos porque tenía una remera de los Rolling Stones. Una chica con el mismo corte de pelo que yo pero teñido de un fuccia estridente. Ese par de amigos raros, ella tenía una mochila rosa, de esas inflables que se usaban a fines de los 90 y a principios de los 00. Cerca de ellos también estaba un chico que no tendría más de 19 años, al que se me antojaba mirar de reojo a cada rato, mientras él miraba todo con cada de entre miedo e interés, las dos cosas a la vez. Creo que si hubiera tenido mi edad o hubiera sido mayor ni lo hubiera mirado, pero algo en su cara de adolescente me hacía volverme hacia él todo el tiempo. Otra medio dientuda estuvo llamando la atención toda la clase, comentando cosas que no venían al caso y me pareció de verdad insoportable. Y al último que recuerdo, es a ese que me hizo acordar a un personaje de una serie que miro, del cual estoy platónica y verdaderamente enamorada. No se parecía tanto, pero hizo un gesto muy similar al suyo con las cejas y cautivo también mi mirada por unos instantes.
El caso es que en realidad tenía mucho sueño y no me importaba la gente que tenía al rededor, más que para asegurarme de que no se dieran cuenta de que se me cerraban los ojos. Estaba en primera fila y a menos de dos metros de los profesores. En realidad ellos estaban en primera fila para ver como me dormía la primera clase. Entonces me puse a pensar en porqué estudiarían arte todos ellos, qué pensaban que podían hacer, qué especialidad habría elegido cada uno. En realidad solo me preguntaba si ellos se sentían tan extraños y descolocados como yo. Porque todavía no entiendo como una puede estudiar para ser artista, o directamente ser artista, cuando en la sociedad actual tenés que ser algo y no alguien.
Para entonces ya había vuelto a un estado en el que podía al menos mantener los ojos abiertos y dejé todo eso para ponerme a prestar atención al profesor, que hablaba sobre el ingreso del video al arte contemporáneo  Mencionó un par de muestras en las que el video fue parte importante, entre ellas mencionó una de Duchamp en la Fundación Proa, a la que quise ir pero no encontré momento mientras duró. Acompañando eso dijo "ah, claro, a esa no fueron porque ahí no habían decidido estudiar arte todavía", un imbécil. En realidad me había caído simpático, pero eso que acababa de decir era innecesario e incisivo. Aunque creo que nadie le prestó atención, a mi me molestó, porque si no me conocés no opines ni me rebajes, aunque seas el más groso del universo. De todas formas no tenía nada contra él, y estaba a gusto en la clase, aún quedándome dormida. Así que lo dejé.
Lo gracioso es que minutos antes de ofenderme había estado haciendo lo mismo con todos mis compañeros. Y me resultaba muy gracioso pensar en que yo también tenía Vans y lentes de marco grueso, que en algún momento de mi vida fui un intento de hippie mantenida por mis padres, había caminado sobre plataformas  había pensado en teñirme el pelo de un azul eléctrico muy llamativo y hasta tengo el flequillo cortado como esas con "cara de intelectuales y desentendidas". Inclusive puedo decir que tengo algo de miedo cada vez que entro al aula, y si no comento nada en clase como la dientuda es por culpa de ese miedo. Resulta que al final eramos todos lo mismo, y estábamos por el mismo motivo, aunque capaz la mayoría no supiera cuál fuera; al menos yo no sabía, ni sé todavía. Odio estudiar, y no me gusta tener que estar con gente que no conozco. Pero sí que me gusta poder elegir lo que hago, aunque no sepa porqué. Por eso creo que no importa si soy hippie, pretenciosa, o me creo distinta y despreocupada, ni si voy a teñirme el pelo del color que sea. Importa que quizás un poco entendí, que aunque no sepa bien nada quiero elegir disfrutar, y disfrutar de lo que elijo. ¿Si la vida no es disfrutar  qué es entonces? También saqué la conclusión de que los hippies están extinguiéndose. Y debería averiguar un poco más sobre Lenguaje Visual, porque sigo sin tener idea de qué va.

miércoles, 6 de febrero de 2013

Me decís

Te veo que decís cosas
me veo en las cosas que decís
me veo porque no estoy en ninguna
no sé como hacer para estar en tus cosas
quiero que me digas