Una vez leí en algún lugar una frase simple pero fantástica "figurita repetida no completa el álbum". Evocando el recurso de la metáfora, la simpática frase hablaba de no volver a cosas viejas, figurirepetear situaciones, momentos, personas.
De verdad quise que me interesaran otras figuritas, pero en el fondo siempre estás vos. Intenté fijarme en otras caras, en otras vidas. Quise que me interesaran otras cosas, convencerme de que tu mundo no era para mi.
Siempre creí que tu mundo era demasiado oscuro, de hecho lo era. Había olvidado que era lo que me gustaba de vos. Era eso de pedir ayuda en silencio, de mentir anhelos para disfrazar el vacío. Estaba segura de que detrás de todo ese disfraz de mala persona había alguien que sólo quería que lo quisieran.
Yo quería ayudarte, no sé a qué, pero estaba dispuesta. Quería hacerme cargo del vacío. ¡Que ilusa! Creer que iba a poder hacer algo con vos cuando nadie antes lo había logrado, ¿por qué iba a ser justo yo? Supongo que te creí todas esas palabras de mentira, las creí todas y quise hacerlas mías. Quería que quisieras que te quisiera.
No creí que esto pudiera pasarme a mi, digo, pasarme de verdad. Esto de mirar a otros y verte a vos. Seguir mirándote y pensar que cosas te diría. Imaginar las respuestas que nunca escuché de tu boca, tu boca, cuando vos en realidad no sos nada. Nunca fuiste nada.
Mientras más firme se vuelve esta idea de que no sos nada pienso, yo nunca había querido que alguien fuera todo. Aún hoy, no quiero otras figuritas.
martes, 20 de marzo de 2012
Figurita repetida en loop.
miércoles, 14 de marzo de 2012
Palabras
A veces me pasa que me pasan cosas y escribo mientras las emociones que provocan esas cosas todavía duran. La mayoría de las veces, al cabo de un rato, esas palabras pierden sentido y posibles ideas, historias, revelaciones, se convierten en textos inacabados que terminan por ser archivados en algún lugar recóndito de mi cerebro, al que van las cosas que dejo por la mitad.
Hoy me pasó que me puse a escribir mientras viajaba en colectivo. Iba con mi hermana, pero no viajabamos juntas. Yo estaba enojada y me había alejado de ella porque no quería hablar ni escucharla más. Mis palabras no tenían sentido en una discusión llena de argumentos sin ningún tipo de argumento. Entonces me fui a otra parte, más lejos, sola. No me molestaba estar sola, porque cuando estoy sola no estoy sola; y si no estoy sola no necesito estar con gente que llena todo de palabras de mentira.
Hay palabras que me hacen llorar, yo no quería llorar adelante de toda esa gente, porque me da vergüenza llorar, me da vergüenza llorar y que todos me vean, no quiero que me vean llorar por palabras vacías, por palabras que no me animo a decir. Y mientras viajaba entonces escribí cosas.
Escribí que me parece horrible que nuestras palabras puedan volverse argumentos en nuestra contra, que los demás las vuelvan argumentos en nuestra contra. Que eso me parece tan horrible como el hecho de que exista gente que se embarque en la osadía de matar. Porque las palabras son la magia de la vida, el pensamiento vuelto realidad, la razón convertida en instrumento, los sonidos que podemos ver. Pueden significar tantas cosas, y todos las usan para nada, nadie las entiende. Ellas son las que hacen todo, de verdad son las palabras las que dan vida y a mi me molesta que todos las usen para matar. Me molesta más que nada que todos sepan tan bien como usarlas, que tomen mi realidad, toda esa magia, la que tengo para ofrecer, e intenten clavármela en el pecho; y me dejen sin aire para defenderme o simplemente respirar.
Me molesta que el mundo sea tan hiriente y nadie comprenda a nadie de verdad. Me molesta que lo mágico de las palabras no sea suficiente para querer, salir y volar. Me molesta todo eso y me molestan muchas otras cosas más, pero como no quiero que usen estas palabras en mi contra, voy a callármelo todo y limitarme a pensar.
El día que no hable más con nadie, ahí va a ver el mundo; va a ver como extraña mis palabras y mi distinta realidad. Lo triste es que probablemente nadie en el mundo vea nada. No quiero que me miren, quiero que me escuchen, aunque no hable, que me escuchen, que aprendan a leerme, que miren mis palabras; son más importantes que todo lo demás.
jueves, 1 de marzo de 2012
Nada del todo es mío
Hace como un mes, digo, más de un mes que no escribo para el mundo este en el que no soy nada. Cuando escribo con una hoja y una lapicera naranja yo soy todo, en mis papeles soy todo (lo mismo que vos cuando no se escribir sobre otra cosa). Por eso se me ocurrió venir a decir alguna cosita acá, lo que sea. Porque recuerdo esas épocas en las que me gustaba leerme y no leerte en mi, cuando escribía en un tono diferente y sin tanta pena apaciguando el esplendor de las cosas de todos los días.
Resulta que ni por asomo me acuerdo cómo se hacía eso. Creo que así funcionaba, yo me sentaba frente a la computadora y empezaba a teclear. Escribía de todo, reflexiones existenciales, simpáticos textos de barata auto-ayuda o historias de mentira con variados y significativos finales.
Historias, el otro día escribí una de esas para mi mundo. Era una espantosa, hablaba de un aviador triste que soñaba con volar y conocer el cielo y no lo había logrado jamás luego de años y años de pilotear aviones. Era tan triste, tan triste, que no pude darle un final que me convenciera. Tan triste que odié haberla pensado y haber intentado compararla con mi vida. Tan todo que me di cuenta de que no hablaba de vos y empecé a buscarte en algún rincón, porque estaba segura de que tenías que estar por ahí. Porque vos siempre estabas entre mis letras, aunque nunca hubieses estado.
Entonces me di cuenta de que te fuiste, casi que te fuiste. O me fui yo. Fui yo la que se fue porque vos no estabas nunca pero no terminabas de echarme del escaloncito de la entrada, y en el escaloncito ese pasaban cosas. Estaba dicho que si no me iba sola la puerta iba a cerrarse igual y me iba a partir por la mitad. Y la verdad, creo que todavía necesito estar entera. No puedo dejar que vos me rompas por dejarme afuera porque tengo muchas historias sobre aviadores que no son tristes por escribir.
Así que no me importa que no me hayas llevado a conocer el cielo, seguro fue porque vos tampoco tenías como llegar; y si no podíamos volar juntos, para quedarme en el suelo mejor me deshice de tu fantasma.
Lo bueno de escribirle todo esto a este mundo de nadie es que no es mío. Nada que tenga que ver con vos es mío y prometo que esta es la última vez que digo tu nombre sin decirlo. Nada que tenga que ver con vos. Nada.
Resulta que ni por asomo me acuerdo cómo se hacía eso. Creo que así funcionaba, yo me sentaba frente a la computadora y empezaba a teclear. Escribía de todo, reflexiones existenciales, simpáticos textos de barata auto-ayuda o historias de mentira con variados y significativos finales.
Historias, el otro día escribí una de esas para mi mundo. Era una espantosa, hablaba de un aviador triste que soñaba con volar y conocer el cielo y no lo había logrado jamás luego de años y años de pilotear aviones. Era tan triste, tan triste, que no pude darle un final que me convenciera. Tan triste que odié haberla pensado y haber intentado compararla con mi vida. Tan todo que me di cuenta de que no hablaba de vos y empecé a buscarte en algún rincón, porque estaba segura de que tenías que estar por ahí. Porque vos siempre estabas entre mis letras, aunque nunca hubieses estado.
Entonces me di cuenta de que te fuiste, casi que te fuiste. O me fui yo. Fui yo la que se fue porque vos no estabas nunca pero no terminabas de echarme del escaloncito de la entrada, y en el escaloncito ese pasaban cosas. Estaba dicho que si no me iba sola la puerta iba a cerrarse igual y me iba a partir por la mitad. Y la verdad, creo que todavía necesito estar entera. No puedo dejar que vos me rompas por dejarme afuera porque tengo muchas historias sobre aviadores que no son tristes por escribir.
Así que no me importa que no me hayas llevado a conocer el cielo, seguro fue porque vos tampoco tenías como llegar; y si no podíamos volar juntos, para quedarme en el suelo mejor me deshice de tu fantasma.
Lo bueno de escribirle todo esto a este mundo de nadie es que no es mío. Nada que tenga que ver con vos es mío y prometo que esta es la última vez que digo tu nombre sin decirlo. Nada que tenga que ver con vos. Nada.
lunes, 9 de enero de 2012
Despiértenme
Hace un par de meses tengo un sueño recurrente que me hace despertar de mal humor y sintiendo lástima por mi.
Todo empieza cuando le digo a mis viejos que me voy en auto, me preguntan si podré manejarlo y les digo que sí, que ya sé manejar, y que si llegué hasta ahí en auto puedo volver a subir, sé manejar. Estoy vestida como de fiesta, es de noche, el auto es negro, enciendo las luces pero no iluminan nada la calle.
Cuando pongo en marcha el auto todo comienza a ir muy rápido. Apenas piso el acelerador y el auto avanza a una desmedida velocidad. Los pedales se vuelven un adorno, porque van y vuelven del fondo a su lugar sin modificar en nada el ritmo del viaje.
Empiezo a desesperarme, tengo una habilidad particular para esquivar a todos los autos, pero hay muchas curvas y no sé por cuanto tiempo más voy a poder mantener la cordura. Los faroles a los costados de la autopista - o lo que sea - no alumbran demasiado y yo veo algo borroso.
Me encantaría que alguien me ayudara, pero solo pienso en llegar a un destino - que no se cuál es -, sin necesidad de que nadie se entere de mi incidente, porque yo sé manejar, yo sé.
Entonces pienso que no puede ser cierto, que nunca manejé tan mal y estoy tomando un camino muy extraño. Se larga a llover. La lluvia y mi falta de anteojos me hacen ver a las luces como estrellas, hay cientos de ellas. Vienen muchos autos de frente y voy tan rápido que no puedo mantenerme en mi carril. Siento que estoy jugando al Daytona, como cuando eso entretenía mis noches de verano, pero no es un juego, es la vida real.
Finalmente llego a destino. Llego tarde, mojada por la lluvia -porque, además, tenía la ventanilla abierta y no podía sacar mi brazo del volante para cerrarla-, estaciono el auto a la perfección, en un espacio muy acotado. Los pedales volvieron a funcionar. Todos llegaron antes que yo y están más lindos. De todas formas nadie se entera de lo que me pasó. Solo recuerdo, de nuevo, la imagen de mis viejos que me reciben y me dicen algo así como que siempre todo a las corridas, y que llego tarde de nuevo.
Algunas veces, antes de despertarme, lo último que pienso en el sueño es que más tarde quiero contarte a vos, y nada más que a vos, todo lo que me pasó.
No quiero siquiera pensar en interpretar ese sueño. No quiero soñarlo más. Quiero que salgas de él, digo, que salgas de todo. Váyanse los dos.
viernes, 6 de enero de 2012
Mi mundo
Una vez caminamos una cuadra de la mano. Una sola, la única en toda una historia que no quiere ser una historia. Seguro vos ni te acordás de eso, digo, de nada. Yo sí recuerdo que en ese entonces no significó nada para mi, o al menos eso creía, porque no sabía que iba a pasar después.
Nunca pensé que casi a un año iba a recordar así, de la nada, ese detalle insignificante mientras intento convencerme de que ya no me importa. Y de un momento a otro pienso que quiero de nuevo tu mano. La quiero para sentir que vos también querés mi mano, para sentir que no todas mis palabras caen al vacío. De verdad, no necesito demasiado, tu mano, una mirada, no mucho más.
Voy a quedarme quieta, inmóvil, un instante, y voy a pensar que el mundo también se quedó quieto. Que el tiempo se quedó corriendo solo, y que yo salgo a buscarte. Y que estás ahí, inmóvil también, y me recibís, porque de verdad estás, porque nunca estuviste tanto como en esa cuadra, aunque no hubiera sido nada verdaderamente especial. Mi mano tenía tu mano, tu mano tenía mi mundo aunque ninguno de los dos lo supiera, pero lo tuvo solo una cuadra.
Nunca pensé que casi a un año iba a recordar así, de la nada, ese detalle insignificante mientras intento convencerme de que ya no me importa. Y de un momento a otro pienso que quiero de nuevo tu mano. La quiero para sentir que vos también querés mi mano, para sentir que no todas mis palabras caen al vacío. De verdad, no necesito demasiado, tu mano, una mirada, no mucho más.
Voy a quedarme quieta, inmóvil, un instante, y voy a pensar que el mundo también se quedó quieto. Que el tiempo se quedó corriendo solo, y que yo salgo a buscarte. Y que estás ahí, inmóvil también, y me recibís, porque de verdad estás, porque nunca estuviste tanto como en esa cuadra, aunque no hubiera sido nada verdaderamente especial. Mi mano tenía tu mano, tu mano tenía mi mundo aunque ninguno de los dos lo supiera, pero lo tuvo solo una cuadra.
algo así como
cosas,
decantando,
historias,
sueños
martes, 20 de diciembre de 2011
Fanatía
Él era fan de los puntos suspensivos,
yo era fan de él.
En vano era su fan,
pero era suya.
yo era fan de él.
En vano era su fan,
pero era suya.
miércoles, 23 de noviembre de 2011
De que cosas pienso acerca de mi
No me vengan con boludeces. Ni optimista, ni alegre, ni ilusa, ni que ocho cuartos. Bueno, ilusa sí, pero a ninguno de ustedes le interesa como soy, ni siquiera lo saben aunque se atribuyan conocerme. A mi no me importa que lo sepan tampoco, si no saben por algo será.
¿Para que carajo me busca la gente si lo que tenga para ofrecerles no va a servir para una mierda? Estoy cansada del "bueno pero vos porque tal cosa", "vos porque tal otra", "vos porque te va bien", "vos porque sí". ¡Cállense! ¡No me hablen! No me banco que la gente me hable acerca de mi, vayanse a hacer sociales con otro, no tengo nada que les sirva, no me hagan creer que sí, chau.. Yo porque nada, no me sale todo bien, NO!
Me estoy por recibir y no me emociona. Mi trabajo no tiene NADA que ver con mi carrera, y me cago en que trabajo 4 horas y cobro mucho más de lo que mi labor amerita. Me va como el orto en cuestiones afectivas, siempre. Me quedo dormida siempre y en todos lados. Soy más desorganizada que todos los miembros de la Asociación de Sujetos Desorganizados, juntos. Apruebo sin estudiar, pero también desapruebo y mis notas son una mierda, además tengo que hacer el doble de esfuerzo para dar un final por no haber hecho un carajo antes. Dejo todo por la mitad, pero todo. Y, no se que carajo voy a hacer ahora que termine la carrera y siga siendo tan yo y tan poco licenciada, como siempre.
¿Ven? ¿Ven cuántas cosas me salen mal y me molestan? Podría seguir enumerando. Mi sonrisa, si quieren decir que siempre tengo una sonrisa, aunque disiento, se debe a que me cago en todo eso. Estoy viva, y me basta para no padecer sin parar. Y sí, me cago en todo porque creo que soy lo menos. Sobre todo me cago en que cada vez que intento transmitirle algo de mi a alguien, termino quedando como una autodeclarada super heorina insoportable y provoco que lo único que quieran los demás sea sacarme de su vista y tengan algo de compasión para conmigo; por lo mal que me sale todo y lo mucho que, aparentemente, le sonrío a la vida. Ponele que yo la paso tan mal como vos, pero ocupo el espacio de mi cabeza con cosas mejores, menos relevantes, pero menos insufribles también.
Olvídese cualquier persona, empezando ahora, de osar hablarme de mi optimismo, mi sonrisa, mi alegría y todas esas forradas a las que no soporto poseer. La vida es una mierda pero vamos a hacer que sea linda, como sea, aunque no sepamos nada, aunque hagamos todo mal, todo el tiempo. Si al final nada de todo esto es importante de verdad, ¿Qué carajo nos queda sino?
Que asco, que optimista y fracasada soy. Viva la vida.
jueves, 17 de noviembre de 2011
Para que sepas
No se cual es el límite. Qué cosas pueden decirse abiertamente y qué otras no. Acabo de decidir que eso ya no me importa. Estuve una hora escribiendo en pequeños e inútiles papeles. No me sirve escribir si nadie lee, si en realidad escribo cosas que no digo para que no se ahoguen adentro mío. Así que, aunque mis palabras tengan un destinatario, las dejaré flotar en este espacio. Estimo no muchos de ustedes las leerán, el texto será largo, aburrido, y ajeno a sus vidas. Pero quedaré conforme al publicarlo. Palabras que salen de mi cabeza para ocultarse en papeles guardados no salen de mi cabeza. Quizás así tampoco, pero no van a estar solo conmigo. Además ustedes, si es que existe algún ustedes, no saben de quién hablo, y ese "quién" probablemente jamás lea y si lee no me lo hará saber. Así que es lo mismo, y voy a detener ahora esta innecesaria introducción.
Tengo, tenemos, claro que yo puedo vivir sin vos. Lo se, estoy segura de eso. El tema es que esa nunca fue mi intención. Intentarlo, digo, eso de vivir sin vos. No es tampoco que fueras tan especial, yo no quiero que seas para mi nada que yo no sea para vos. Podríamos haber llegado a algún lado razonable. Ni tanto, ni tan poco, algo juntos, lo necesario, lo suficiente. El problema fueron las cantidades, las desmedidas cantidades de todo.
Mis miedos, tu impulso, nuestras ganas (siempre a destiempo), mis esperanzas, mi afectuosidad, tu nada, mi todo, la indiferencia, tu exageración (y la mía), mis ganas de salvarte de no se qué, tus pocas ganas de ser salvado, tus miedos, la culpa, todo lo demás, y tu nada, de nuevo.
Aunque parezca que no fue nada, porque, quizás, técnicamente no lo fue; es tanto todo que las desmesuras nos taparon hasta que nos hundimos, simulamos salir a flote, y volvimos a caer en nosotros. Caer, en verdad nadie cayó. Yo, aunque sea, ya no tengo esa sensación de asunto pendiente. Vos, no se, nunca lo supe. No porque no lo viera en tus ojos, que poco los vi, sino porque nunca lo dijiste. Estimo que eso es todo, que no puedo esperar aunque sea un "adiós" de verdad, porque de tres idas solo una fue avisada, y ninguna fue vuelta. Aunque tampoco fueron idas, porque acá estás, aunque no estés.
En serio, nada es tan grave, pero no entiendo, no voy a entender tu bloqueo, esa barrera, el otorgarme tan poco lugar para lo que fuera. Culpa, o el hecho de que yo "esté loca", no son excusas. Entre el "nadie me entiende como vos" y el "si te portás bien" hay un abismo al que, creo, prefiero no descifrar. Es que si lo hago, me encuentro de lleno con que de verdad tenés problemas y serios. O tal vez sucede que sos un reverendo hijo de puta, que no podés mirar mas allá de vos y tus pelotudas penas, y tu fucking pasado al cual añorás cada día de tu vida para no transitar el hoy. Entonces, vivís pensando que provecho podés sacar de los demás, si no vas a tener otro remedio que vincularte con quien se te acerque.
"Y no importa si hace tiempo vos lloraste por mi, te voy a decir que estabas loca para que te avergüences y me escuches, sin tener que disculparme por ser un conchudo, te voy a contar mis problemas, voy a confiar en vos, y cuando se me pase voy a procurar que no quieras volver, y si volvés, voy a ignorarte porque ya no quiero que me escuches o me banques, no te necesito."
Mis esfuerzos están puestos en pensar que no sos así, digamos, parece que lo sos con todas tus fuerzas y ahí reside el porqué de tu culpa. No importa casi nada cuanto nos toquemos, hasta ahí me pareció bien. Ahora, esa vil manera de abusar de mi disponibilidad para confiarme la miseria de tu vida y obligarme a que no intente hacer nada por ella. Es el acto más horrible que jamás alguien hizo por mi, tenés el honor.
Esa es la cuestión, puedo vivir sin vos, puedo, de hecho creo que es un alivio. De todas formas no lo hubiera elegido, no por ahora. Me doy la cabeza contra las paredes muchas, muchas veces antes de resignarme a perder. Pero no sirve de nada, no soy la Mujer Maravilla, y nada queda por hacer con vos.
Una vez me dijiste que querías eliminar casi todo lo que habías vivido en tus últimos años (insisto, nada es tan grave), pero también dijiste que yo quedaba "del lado de lo bueno, de lo no dañino, de los no me arrepiento". Nunca entendí tus señales, creo. Más bien, nunca fueron señales sino palabras escupidas al voleo. Si hubieras pensado un poco más... demostraciones (falsas?) de afecto, invitaciones, promesas, cosas que nunca hiciste; además de cosas horribles que no mencionaré pero no consigo desterrar de mi odiosamente hábil memoria. El caso es que lamento, de verdad, no poder decir lo mismo de vos. Que sos un recuerdo de los lindos, o que sos más que un recuerdo. Es mi culpa no haber dejado de pasarla mal todo el año, pero decididamente, es la tuya no haber frenado esto a tiempo, o lo que sea. Un no (o un sí) hubiera cambiado todo. Pero un no de verdad. Un maldito pase de salida que demostrara que no sos un hijo de puta sino que simplemente no sos para mi ni yo para vos. No cambia nada que ya esté implícito entre nosotros hace tiempo. Decirlo sería dilapidar de una vez las señales confusas, hacerme sentir menos insignificante e incluso hasta ahorrarte un problema. Pero no, nada más que silencio, y al silencio lo interpreto yo, como quiero, como puedo.
Una parte de mi me dice que me equivoco, que en realidad sí hay una parte tuya que se acuerda de mí y también se equivoca. Que no es solo tu debilidad, o agrado, o piel, o que carajo. Y no es que esté volando muy alto o deseando de más, para nada creo en mi. No me siento irresistible ni, mucho menos, indispensable. Es que de verdad no se me va la sensación de que una parte de vos no piensa como vos, y ahí estoy yo, con algo de lugar, archivando tus recuerdos viejos.
En el caso de que esta teoría fuera, cierta me gustaría que pudieras hacérmelo saber, aunque sea para saberlo y nada más. Pero como se que no, que no lo harías, porque ni siquiera me obsequiaste un "cómo estás vos?" cada bendito día que te escuché lloriquear, me quedo con la idea de que no soy nada y así el mundo conserva su equilibrio.
Aunque puedo vivir sin vos, se que puedo, yo lo hubiera desequilibrado todo.
Tengo, tenemos, claro que yo puedo vivir sin vos. Lo se, estoy segura de eso. El tema es que esa nunca fue mi intención. Intentarlo, digo, eso de vivir sin vos. No es tampoco que fueras tan especial, yo no quiero que seas para mi nada que yo no sea para vos. Podríamos haber llegado a algún lado razonable. Ni tanto, ni tan poco, algo juntos, lo necesario, lo suficiente. El problema fueron las cantidades, las desmedidas cantidades de todo.
Mis miedos, tu impulso, nuestras ganas (siempre a destiempo), mis esperanzas, mi afectuosidad, tu nada, mi todo, la indiferencia, tu exageración (y la mía), mis ganas de salvarte de no se qué, tus pocas ganas de ser salvado, tus miedos, la culpa, todo lo demás, y tu nada, de nuevo.
Aunque parezca que no fue nada, porque, quizás, técnicamente no lo fue; es tanto todo que las desmesuras nos taparon hasta que nos hundimos, simulamos salir a flote, y volvimos a caer en nosotros. Caer, en verdad nadie cayó. Yo, aunque sea, ya no tengo esa sensación de asunto pendiente. Vos, no se, nunca lo supe. No porque no lo viera en tus ojos, que poco los vi, sino porque nunca lo dijiste. Estimo que eso es todo, que no puedo esperar aunque sea un "adiós" de verdad, porque de tres idas solo una fue avisada, y ninguna fue vuelta. Aunque tampoco fueron idas, porque acá estás, aunque no estés.
En serio, nada es tan grave, pero no entiendo, no voy a entender tu bloqueo, esa barrera, el otorgarme tan poco lugar para lo que fuera. Culpa, o el hecho de que yo "esté loca", no son excusas. Entre el "nadie me entiende como vos" y el "si te portás bien" hay un abismo al que, creo, prefiero no descifrar. Es que si lo hago, me encuentro de lleno con que de verdad tenés problemas y serios. O tal vez sucede que sos un reverendo hijo de puta, que no podés mirar mas allá de vos y tus pelotudas penas, y tu fucking pasado al cual añorás cada día de tu vida para no transitar el hoy. Entonces, vivís pensando que provecho podés sacar de los demás, si no vas a tener otro remedio que vincularte con quien se te acerque.
"Y no importa si hace tiempo vos lloraste por mi, te voy a decir que estabas loca para que te avergüences y me escuches, sin tener que disculparme por ser un conchudo, te voy a contar mis problemas, voy a confiar en vos, y cuando se me pase voy a procurar que no quieras volver, y si volvés, voy a ignorarte porque ya no quiero que me escuches o me banques, no te necesito."
Mis esfuerzos están puestos en pensar que no sos así, digamos, parece que lo sos con todas tus fuerzas y ahí reside el porqué de tu culpa. No importa casi nada cuanto nos toquemos, hasta ahí me pareció bien. Ahora, esa vil manera de abusar de mi disponibilidad para confiarme la miseria de tu vida y obligarme a que no intente hacer nada por ella. Es el acto más horrible que jamás alguien hizo por mi, tenés el honor.
Esa es la cuestión, puedo vivir sin vos, puedo, de hecho creo que es un alivio. De todas formas no lo hubiera elegido, no por ahora. Me doy la cabeza contra las paredes muchas, muchas veces antes de resignarme a perder. Pero no sirve de nada, no soy la Mujer Maravilla, y nada queda por hacer con vos.
Una vez me dijiste que querías eliminar casi todo lo que habías vivido en tus últimos años (insisto, nada es tan grave), pero también dijiste que yo quedaba "del lado de lo bueno, de lo no dañino, de los no me arrepiento". Nunca entendí tus señales, creo. Más bien, nunca fueron señales sino palabras escupidas al voleo. Si hubieras pensado un poco más... demostraciones (falsas?) de afecto, invitaciones, promesas, cosas que nunca hiciste; además de cosas horribles que no mencionaré pero no consigo desterrar de mi odiosamente hábil memoria. El caso es que lamento, de verdad, no poder decir lo mismo de vos. Que sos un recuerdo de los lindos, o que sos más que un recuerdo. Es mi culpa no haber dejado de pasarla mal todo el año, pero decididamente, es la tuya no haber frenado esto a tiempo, o lo que sea. Un no (o un sí) hubiera cambiado todo. Pero un no de verdad. Un maldito pase de salida que demostrara que no sos un hijo de puta sino que simplemente no sos para mi ni yo para vos. No cambia nada que ya esté implícito entre nosotros hace tiempo. Decirlo sería dilapidar de una vez las señales confusas, hacerme sentir menos insignificante e incluso hasta ahorrarte un problema. Pero no, nada más que silencio, y al silencio lo interpreto yo, como quiero, como puedo.
Una parte de mi me dice que me equivoco, que en realidad sí hay una parte tuya que se acuerda de mí y también se equivoca. Que no es solo tu debilidad, o agrado, o piel, o que carajo. Y no es que esté volando muy alto o deseando de más, para nada creo en mi. No me siento irresistible ni, mucho menos, indispensable. Es que de verdad no se me va la sensación de que una parte de vos no piensa como vos, y ahí estoy yo, con algo de lugar, archivando tus recuerdos viejos.
En el caso de que esta teoría fuera, cierta me gustaría que pudieras hacérmelo saber, aunque sea para saberlo y nada más. Pero como se que no, que no lo harías, porque ni siquiera me obsequiaste un "cómo estás vos?" cada bendito día que te escuché lloriquear, me quedo con la idea de que no soy nada y así el mundo conserva su equilibrio.
Aunque puedo vivir sin vos, se que puedo, yo lo hubiera desequilibrado todo.
sábado, 12 de noviembre de 2011
Pasada
Es cierto que todo pasa. Yo creía que las cosas permanecían. Alguna vez todo me pareció eterno, pero casi nada es eterno. Que las cosas permanezcan solo a veces depende de mi, y algunas cosas no tienen que permanecer, se extinguen, aunque intente que suceda lo contrario. Y yo siempre intento que suceda lo contrario. No me gusta que casi nada sea eterno, entonces intento que suceda lo contrario, hasta que me sangren las yemas de los dedos de intentarlo, aunque no tenga sentido; porque no creo eso de que la gente pueda ser pasajera, no me gusta nada hacerme a esa idea. No me gusta la idea de ser pasajera para los demás, que me bajen de su tren. Yo los llevaría a todos conmigo. Pero si no me eligen yo no puedo elegirlos, que injusto es. Se van amigos, te vas vos, se van todos. Todo cambia y yo permanezco, siempre, no se, ¿para qué cambiar? Si me siento bien así, en este viaje, ¿por qué la vida me obliga a cambiar y no permanecer? Y no me queda otra, no puedo solamente permanecer porque nada permanece, nadie permanece. Permanezco sola, tanto que dejo de pertenecer, y permanecer ya no tiene pertinencia.
Por eso los recuerdos no sirven. Guardan cosas a las que hay que dejar ir, soltarlas para poder vivir y fabricar nuevos recuerdos a los que más tarde va a haber que soltar de nuevo. Los recuerdos nos retienen en lo que no permanece y nos nublan el entendimiento. No nos dejan ver que todo es pasajero, y que lo que ya no es no sirve. Nos dejan quietos en el pasado, esperando que algo sea eterno. Pero casi nada es eterno, nadie permanece, de a poco todo se extingue. Aunque mis recuerdos, aunque yo intente lo contrario.
Necesito que alguien me saque estas raíces de los pies, yo no quiero permanecer sola. Y sigo recordando cada palabra tuya, aunque fueran todas pasajeras, aunque estuvieran vacías de contenido. Quiero que alguién me suba a su tren porque del mio todos se bajan. Insisto en la idea de permanecer.
sábado, 5 de noviembre de 2011
Retrocedo
Cinco minutos. Cinco minutos para decirte en la cara cómo y porqué te quise. No se de que manera, pero te lo diría. Puedo jurar que te tambalearías y tus ojos se perderían en los míos gritando que sí, cuando de tu boca salga un no que elija la estabilidad.
Retrocedo veinticinco millones de pasos y más.
Retrocedo veinticinco millones de pasos y más.
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