Escribir porque hace mucho que no escribo, aunque sepa que lo que tengo para decir es lo de siempre. Es que si lo de siempre no deja de ser lo de siempre, y no puedo escribir sobre otra cosa sino eso, voy a escribir de todas formas porque en muy pocos días varias personas me dijeron que tengo que ser escritora y a por eso. Tengo que tener cuidado de que nadie me diga que tengo que tirarme al río porque me voy con la corriente hasta el oceano y nos vemos en las Bahamas en un tiempo.
Quería reivindicarme un poco de todo más o menos. Hace un par de semanas, creo, dije que había perdido mi alma, que no la encontraba por ningún lado. Era cierto, estaba viviendo en piloto automático y no veía mi reflejo en los charcos de agua y mugre. Pero tiempo después la magia volvió a mi vida, una magia medio chota, pero no puedo hacer caso omiso de ella.
Estaba pasando por al lado de un perrito muy simpático, y me ladró tanto que me asusté y pegué un pequeño y gracioso salto. Un salto que fue casi imperceptible, pero estoy segura de que lo provocó mi alma entrando de nuevo al cuerpo, directamente desde la punta del dedo más largo de mi pie izquierdo, que curiosamente es el índice y no el pulgar - amor por los datos irrelevantes -. Parece que simplemente necesitaba que le ladren un poco, que la despertaran, que la avisparan para que se diera cuenta de que se había quedado en el camino ocupándose de pavadas mientras yo seguí en otras tantas. Así que volvió, y yo me puse a hacer lo que quería. Me animé a aceptar que me falta para encontrarme con mi vida porque no me conozco una mierda, pero me la banco buscándola en donde sea. Aunque por ahora el donde sea quede limitado a lo que hay dentro de la cerca que rodea mi cerebro es un donde sea real y buscón. Me acordé un poco de querer a la gente, de hacer cosas. Tuve un encuentro cercano con lo que es tener un espacio personal (?), ahora no comparto cuarto con mi hermana menor y me siento un ser humano aunque no tengo cortinas. Ordené cosas buscando ordenar mi mente, o por lo menos saqué basura tóxica para mis ideas; y, aunque me cuesta concretar hasta un paseo por el parque, pienso y no dejo de pensar, cosas para hacer y ser. Estoy conmigo en cada paso que doy. Viva tener alma.
Por otra parte, un tema que me concierne mucho es esto de que todo en la vida está resumido a una taza de porcelana, o a unas cuantas. Hablé ya de mi taza de porcelana rota en una ocasión. Esa taza del demonio me provocó tediosos dolores de cabeza, lágrimas y pelotudeces cursis y medio psicópatas. Yo la di por rota y casi me desangro porque el desamor es duro aunque creas que nunca vas a sentir nada, pero aunque el mango se si salía volví a pegarlo una y otra vez. Lo pegué en julio y no duró ni una semana - por eso en agosto morí y resuscité-, lo pegué en noviembre y cuando creí que se salía en diciembre, volví a pegarlo. Y parecerá una locura pero cada vez que la taza se rompía, algo hacía ruido adentro mío. Lo mismo cuando la recomponía, la vida me sorprendía poniendo pegamento sobre las cosas rotas. Aunque el pegamento se notaba todo y quedaba desprolijo podía darle alguna usadita a la taza, maldita traicionera tan necesaria para mi.
Fue en diciembre que llegó la nueva taza. Un regalo de cumpleaños, preciosa, grande, con muchos colores y un símbolo de la paz. No me crean si no quieren, pero cuando vino la perfecta taza nueva también algo mágico pasó. Digámosle mágico porque no encuentro otra palabra que lo describa. Pero cuando algo está destinado a no suceder, y sucede, y se repite, aunque no sea como la mente lo imaginaba no puede negarse que hay como un no se qué medio mágico, medio loco.
Estoy llena de tazas que no me sirven para nada, pero desde ese entonces no pude soltar solamente a dos, la del mango roto, tan arraigada a mis manos; y la nueva, la más linda de todas. Una tan linda e inalcanzable, otra tan frágil, pidiendo a gritos que la tire a la basura. Me pasó el lunes que el mango se rompió de nuevo. Yo andaba rota por unos sueños raros que había tenido, porque los lindos y perfectos - otro día hablaré en relación a lo que me refiero cuando digo perfecto - siempre se van para otro lado; porque siempre me confundo de taza; y porque me niego a deshacerme de la taza rota. Claro que se que no me sirve pero la quiero, y no dejo de quererla. Pero esta vez alguien más descubrió el mango roto y cuando me dijo que iba a tirarla a la basura no pude más que dejarla ir. Así rota ni siquiera era una taza, hace tiempo que no puedo hacer nada con ella, pero en el corazón me dolió verla irse, porque no se va de adentro, no se va con nada, aunque ya no exista y no sirva más no se va.
La taza más nueva sigue siendo perfecta, grande, linda, inalcanzable. No todo es para todos. No sé usar bien mis tazas tampoco porque son demasiado personas metidas adentro mío, y son de un material que se rompe, complicado para un ser tan atolondrado como yo. Quisiera poder volver a guardarlas para tenerlas cuidadas y no usarlas nunca más. No soporto que se vayan cayendo pedazos de porcelana de la vida por ahí. Los corazones agrietados y sin mango, o las tazas que son demasiado grandes para nosotros son las culpables de que las almas se escapen. Porque, al final, yo siempre pago las tazas rotas, y todavía pretendo que mi alma no se me vaya, ilusa yo.
viernes, 4 de mayo de 2012
Almas dentro de tazas.
martes, 17 de abril de 2012
Devuélvanme mi alma
Estuve considerando seriamente la posibilidad de haber perdido mi alma. Capaz me la robaron o, no sé, la dejé irse sin darme cuenta. Capaz, incluso, fui yo misma quien la expulsé de mi cuerpo. Es un misterio que de ahora en más intentaré develar.
Hoy pasé cerquita de cuatro de esos perros que te ladran muy fuerte porque cuidan su hogar de los malechores, y ninguno emitió sonido alguno. Primero pensé que pasaba porque iba escuchando música, y como cantaba re lindo los perros me prestaban atención; pero me di cuenta más tarde del terrible suceso, mi alma no está conmigo.
Ahora que lo pienso, no es tan complicado verlo. Hace meses que no me siento yo en mi, con mis intereses, mis personas, en las cosas que hago. Lo tenía delante de mis ojos y no lo pude ver. No puedo ser yo en nada de lo que hago si no estoy acá conmigo.
Lo bueno es que estoy a tiempo de volver. Calculo que no voy a encontrar un papel que diga que en él reside mi alma y si me lo trago vuelvo a reírme de la vida - a.k.a. enfermita de Los Simpson -, pero almita, no podés haberte ido tan lejos porque sino ya ni podría darme cuenta de que no te tengo.
No tengo la menor idea de cómo haré para recuperarte, alma, ni que voy a hacer cuando te tenga de nuevo acá. Se que va a ser difícil, muy, muy difícil, porque me estoy acostumbrando a todo esto que no me banco más. Digo, porque está bien que vivir en piloto automático es medianamente fácil, pero sé que a este paso que voy no supero la prueba de los 27. No es que tenga una vida de excesos, es que una vida sin vida no es vida, ¡no lo és! Que no me gusten las cosas que hago todos los días, querer dormir sin parar, los desórdenes sentimentales, no preocuparme por cambiar, postergar todo porque los días se gastan antes de que pueda darme cuenta, no creer en nada de lo que creo, las pocas ganas de hacerme preguntas, LOS PERROS QUE NO ME LADRAN. Así no se puede nada, insisto.
Creo que necesito conseguirme un gatito, los gatos cuidan las almas de sus amos. No se si es cierto o lo acabo de inventar, pero un gato con una lunita en la frente me vendría bien. Si me vuelvo una super heroína medio puta en una de esas todo cobra sentido. O no, no seré heroína pero tengo un gatito para acariciar mientras planifico como volver a encontrar todo eso que deposité en mi alma antes de abrirle la puerta para que se vaya de paseo.
Siempre dicen que el primer paso es reconocer que hay un problema. Dicen también que saber y no hacer es inútil. Así que estoy en la fase más inútil y sin alma de la misión para la recuperación de mi alma. Gran momento.
Bueno, quería que lo sepan todos nomás, que sepan lo que yo ahora creo que sé. Los dejo, te dejo blog, tengo que ir a comprar un medio mundo para pescar. Aunque capaz me lo llevo todo.
jueves, 29 de marzo de 2012
También eso
Hoy me levanté muy temprano, me quedé hasta más tarde en el trabajo, me me molestaron la rodilla y el pie izquierdo, viajé en un colectivo lleno de personas, vi cómo asaltaban una almacén, no conseguí algo que quería comprar, me dolió la panza, me quise poner a llorar, me fui a cortar el pelo, me hicieron esperar como una hora y no me lo cortaron lo suficiente, y hasta lo arruiné dando un tijeretazo estúpido de autosuficiente que se cree capaz de cualquier cosa en donde no iba. También le escribí después de meses, no sé porqué; y, claro, no me constestó porque no.
Al final lo unico que necesitamos para lo que lo demás funcione es a alguien que esté. Esa es la única y finalísima conclusión. Tengo además la certeza de que ya no soy la que era, aunque de a ratos no sepa quién soy.
Al final lo unico que necesitamos para lo que lo demás funcione es a alguien que esté. Esa es la única y finalísima conclusión. Tengo además la certeza de que ya no soy la que era, aunque de a ratos no sepa quién soy.
martes, 20 de marzo de 2012
Figurita repetida en loop.
Una vez leí en algún lugar una frase simple pero fantástica "figurita repetida no completa el álbum". Evocando el recurso de la metáfora, la simpática frase hablaba de no volver a cosas viejas, figurirepetear situaciones, momentos, personas.
De verdad quise que me interesaran otras figuritas, pero en el fondo siempre estás vos. Intenté fijarme en otras caras, en otras vidas. Quise que me interesaran otras cosas, convencerme de que tu mundo no era para mi.
Siempre creí que tu mundo era demasiado oscuro, de hecho lo era. Había olvidado que era lo que me gustaba de vos. Era eso de pedir ayuda en silencio, de mentir anhelos para disfrazar el vacío. Estaba segura de que detrás de todo ese disfraz de mala persona había alguien que sólo quería que lo quisieran.
Yo quería ayudarte, no sé a qué, pero estaba dispuesta. Quería hacerme cargo del vacío. ¡Que ilusa! Creer que iba a poder hacer algo con vos cuando nadie antes lo había logrado, ¿por qué iba a ser justo yo? Supongo que te creí todas esas palabras de mentira, las creí todas y quise hacerlas mías. Quería que quisieras que te quisiera.
No creí que esto pudiera pasarme a mi, digo, pasarme de verdad. Esto de mirar a otros y verte a vos. Seguir mirándote y pensar que cosas te diría. Imaginar las respuestas que nunca escuché de tu boca, tu boca, cuando vos en realidad no sos nada. Nunca fuiste nada.
Mientras más firme se vuelve esta idea de que no sos nada pienso, yo nunca había querido que alguien fuera todo. Aún hoy, no quiero otras figuritas.
De verdad quise que me interesaran otras figuritas, pero en el fondo siempre estás vos. Intenté fijarme en otras caras, en otras vidas. Quise que me interesaran otras cosas, convencerme de que tu mundo no era para mi.
Siempre creí que tu mundo era demasiado oscuro, de hecho lo era. Había olvidado que era lo que me gustaba de vos. Era eso de pedir ayuda en silencio, de mentir anhelos para disfrazar el vacío. Estaba segura de que detrás de todo ese disfraz de mala persona había alguien que sólo quería que lo quisieran.
Yo quería ayudarte, no sé a qué, pero estaba dispuesta. Quería hacerme cargo del vacío. ¡Que ilusa! Creer que iba a poder hacer algo con vos cuando nadie antes lo había logrado, ¿por qué iba a ser justo yo? Supongo que te creí todas esas palabras de mentira, las creí todas y quise hacerlas mías. Quería que quisieras que te quisiera.
No creí que esto pudiera pasarme a mi, digo, pasarme de verdad. Esto de mirar a otros y verte a vos. Seguir mirándote y pensar que cosas te diría. Imaginar las respuestas que nunca escuché de tu boca, tu boca, cuando vos en realidad no sos nada. Nunca fuiste nada.
Mientras más firme se vuelve esta idea de que no sos nada pienso, yo nunca había querido que alguien fuera todo. Aún hoy, no quiero otras figuritas.
miércoles, 14 de marzo de 2012
Palabras
A veces me pasa que me pasan cosas y escribo mientras las emociones que provocan esas cosas todavía duran. La mayoría de las veces, al cabo de un rato, esas palabras pierden sentido y posibles ideas, historias, revelaciones, se convierten en textos inacabados que terminan por ser archivados en algún lugar recóndito de mi cerebro, al que van las cosas que dejo por la mitad.
Hoy me pasó que me puse a escribir mientras viajaba en colectivo. Iba con mi hermana, pero no viajabamos juntas. Yo estaba enojada y me había alejado de ella porque no quería hablar ni escucharla más. Mis palabras no tenían sentido en una discusión llena de argumentos sin ningún tipo de argumento. Entonces me fui a otra parte, más lejos, sola. No me molestaba estar sola, porque cuando estoy sola no estoy sola; y si no estoy sola no necesito estar con gente que llena todo de palabras de mentira.
Hay palabras que me hacen llorar, yo no quería llorar adelante de toda esa gente, porque me da vergüenza llorar, me da vergüenza llorar y que todos me vean, no quiero que me vean llorar por palabras vacías, por palabras que no me animo a decir. Y mientras viajaba entonces escribí cosas.
Escribí que me parece horrible que nuestras palabras puedan volverse argumentos en nuestra contra, que los demás las vuelvan argumentos en nuestra contra. Que eso me parece tan horrible como el hecho de que exista gente que se embarque en la osadía de matar. Porque las palabras son la magia de la vida, el pensamiento vuelto realidad, la razón convertida en instrumento, los sonidos que podemos ver. Pueden significar tantas cosas, y todos las usan para nada, nadie las entiende. Ellas son las que hacen todo, de verdad son las palabras las que dan vida y a mi me molesta que todos las usen para matar. Me molesta más que nada que todos sepan tan bien como usarlas, que tomen mi realidad, toda esa magia, la que tengo para ofrecer, e intenten clavármela en el pecho; y me dejen sin aire para defenderme o simplemente respirar.
Me molesta que el mundo sea tan hiriente y nadie comprenda a nadie de verdad. Me molesta que lo mágico de las palabras no sea suficiente para querer, salir y volar. Me molesta todo eso y me molestan muchas otras cosas más, pero como no quiero que usen estas palabras en mi contra, voy a callármelo todo y limitarme a pensar.
El día que no hable más con nadie, ahí va a ver el mundo; va a ver como extraña mis palabras y mi distinta realidad. Lo triste es que probablemente nadie en el mundo vea nada. No quiero que me miren, quiero que me escuchen, aunque no hable, que me escuchen, que aprendan a leerme, que miren mis palabras; son más importantes que todo lo demás.
jueves, 1 de marzo de 2012
Nada del todo es mío
Hace como un mes, digo, más de un mes que no escribo para el mundo este en el que no soy nada. Cuando escribo con una hoja y una lapicera naranja yo soy todo, en mis papeles soy todo (lo mismo que vos cuando no se escribir sobre otra cosa). Por eso se me ocurrió venir a decir alguna cosita acá, lo que sea. Porque recuerdo esas épocas en las que me gustaba leerme y no leerte en mi, cuando escribía en un tono diferente y sin tanta pena apaciguando el esplendor de las cosas de todos los días.
Resulta que ni por asomo me acuerdo cómo se hacía eso. Creo que así funcionaba, yo me sentaba frente a la computadora y empezaba a teclear. Escribía de todo, reflexiones existenciales, simpáticos textos de barata auto-ayuda o historias de mentira con variados y significativos finales.
Historias, el otro día escribí una de esas para mi mundo. Era una espantosa, hablaba de un aviador triste que soñaba con volar y conocer el cielo y no lo había logrado jamás luego de años y años de pilotear aviones. Era tan triste, tan triste, que no pude darle un final que me convenciera. Tan triste que odié haberla pensado y haber intentado compararla con mi vida. Tan todo que me di cuenta de que no hablaba de vos y empecé a buscarte en algún rincón, porque estaba segura de que tenías que estar por ahí. Porque vos siempre estabas entre mis letras, aunque nunca hubieses estado.
Entonces me di cuenta de que te fuiste, casi que te fuiste. O me fui yo. Fui yo la que se fue porque vos no estabas nunca pero no terminabas de echarme del escaloncito de la entrada, y en el escaloncito ese pasaban cosas. Estaba dicho que si no me iba sola la puerta iba a cerrarse igual y me iba a partir por la mitad. Y la verdad, creo que todavía necesito estar entera. No puedo dejar que vos me rompas por dejarme afuera porque tengo muchas historias sobre aviadores que no son tristes por escribir.
Así que no me importa que no me hayas llevado a conocer el cielo, seguro fue porque vos tampoco tenías como llegar; y si no podíamos volar juntos, para quedarme en el suelo mejor me deshice de tu fantasma.
Lo bueno de escribirle todo esto a este mundo de nadie es que no es mío. Nada que tenga que ver con vos es mío y prometo que esta es la última vez que digo tu nombre sin decirlo. Nada que tenga que ver con vos. Nada.
Resulta que ni por asomo me acuerdo cómo se hacía eso. Creo que así funcionaba, yo me sentaba frente a la computadora y empezaba a teclear. Escribía de todo, reflexiones existenciales, simpáticos textos de barata auto-ayuda o historias de mentira con variados y significativos finales.
Historias, el otro día escribí una de esas para mi mundo. Era una espantosa, hablaba de un aviador triste que soñaba con volar y conocer el cielo y no lo había logrado jamás luego de años y años de pilotear aviones. Era tan triste, tan triste, que no pude darle un final que me convenciera. Tan triste que odié haberla pensado y haber intentado compararla con mi vida. Tan todo que me di cuenta de que no hablaba de vos y empecé a buscarte en algún rincón, porque estaba segura de que tenías que estar por ahí. Porque vos siempre estabas entre mis letras, aunque nunca hubieses estado.
Entonces me di cuenta de que te fuiste, casi que te fuiste. O me fui yo. Fui yo la que se fue porque vos no estabas nunca pero no terminabas de echarme del escaloncito de la entrada, y en el escaloncito ese pasaban cosas. Estaba dicho que si no me iba sola la puerta iba a cerrarse igual y me iba a partir por la mitad. Y la verdad, creo que todavía necesito estar entera. No puedo dejar que vos me rompas por dejarme afuera porque tengo muchas historias sobre aviadores que no son tristes por escribir.
Así que no me importa que no me hayas llevado a conocer el cielo, seguro fue porque vos tampoco tenías como llegar; y si no podíamos volar juntos, para quedarme en el suelo mejor me deshice de tu fantasma.
Lo bueno de escribirle todo esto a este mundo de nadie es que no es mío. Nada que tenga que ver con vos es mío y prometo que esta es la última vez que digo tu nombre sin decirlo. Nada que tenga que ver con vos. Nada.
lunes, 9 de enero de 2012
Despiértenme
Hace un par de meses tengo un sueño recurrente que me hace despertar de mal humor y sintiendo lástima por mi.
Todo empieza cuando le digo a mis viejos que me voy en auto, me preguntan si podré manejarlo y les digo que sí, que ya sé manejar, y que si llegué hasta ahí en auto puedo volver a subir, sé manejar. Estoy vestida como de fiesta, es de noche, el auto es negro, enciendo las luces pero no iluminan nada la calle.
Cuando pongo en marcha el auto todo comienza a ir muy rápido. Apenas piso el acelerador y el auto avanza a una desmedida velocidad. Los pedales se vuelven un adorno, porque van y vuelven del fondo a su lugar sin modificar en nada el ritmo del viaje.
Empiezo a desesperarme, tengo una habilidad particular para esquivar a todos los autos, pero hay muchas curvas y no sé por cuanto tiempo más voy a poder mantener la cordura. Los faroles a los costados de la autopista - o lo que sea - no alumbran demasiado y yo veo algo borroso.
Me encantaría que alguien me ayudara, pero solo pienso en llegar a un destino - que no se cuál es -, sin necesidad de que nadie se entere de mi incidente, porque yo sé manejar, yo sé.
Entonces pienso que no puede ser cierto, que nunca manejé tan mal y estoy tomando un camino muy extraño. Se larga a llover. La lluvia y mi falta de anteojos me hacen ver a las luces como estrellas, hay cientos de ellas. Vienen muchos autos de frente y voy tan rápido que no puedo mantenerme en mi carril. Siento que estoy jugando al Daytona, como cuando eso entretenía mis noches de verano, pero no es un juego, es la vida real.
Finalmente llego a destino. Llego tarde, mojada por la lluvia -porque, además, tenía la ventanilla abierta y no podía sacar mi brazo del volante para cerrarla-, estaciono el auto a la perfección, en un espacio muy acotado. Los pedales volvieron a funcionar. Todos llegaron antes que yo y están más lindos. De todas formas nadie se entera de lo que me pasó. Solo recuerdo, de nuevo, la imagen de mis viejos que me reciben y me dicen algo así como que siempre todo a las corridas, y que llego tarde de nuevo.
Algunas veces, antes de despertarme, lo último que pienso en el sueño es que más tarde quiero contarte a vos, y nada más que a vos, todo lo que me pasó.
No quiero siquiera pensar en interpretar ese sueño. No quiero soñarlo más. Quiero que salgas de él, digo, que salgas de todo. Váyanse los dos.
viernes, 6 de enero de 2012
Mi mundo
Una vez caminamos una cuadra de la mano. Una sola, la única en toda una historia que no quiere ser una historia. Seguro vos ni te acordás de eso, digo, de nada. Yo sí recuerdo que en ese entonces no significó nada para mi, o al menos eso creía, porque no sabía que iba a pasar después.
Nunca pensé que casi a un año iba a recordar así, de la nada, ese detalle insignificante mientras intento convencerme de que ya no me importa. Y de un momento a otro pienso que quiero de nuevo tu mano. La quiero para sentir que vos también querés mi mano, para sentir que no todas mis palabras caen al vacío. De verdad, no necesito demasiado, tu mano, una mirada, no mucho más.
Voy a quedarme quieta, inmóvil, un instante, y voy a pensar que el mundo también se quedó quieto. Que el tiempo se quedó corriendo solo, y que yo salgo a buscarte. Y que estás ahí, inmóvil también, y me recibís, porque de verdad estás, porque nunca estuviste tanto como en esa cuadra, aunque no hubiera sido nada verdaderamente especial. Mi mano tenía tu mano, tu mano tenía mi mundo aunque ninguno de los dos lo supiera, pero lo tuvo solo una cuadra.
Nunca pensé que casi a un año iba a recordar así, de la nada, ese detalle insignificante mientras intento convencerme de que ya no me importa. Y de un momento a otro pienso que quiero de nuevo tu mano. La quiero para sentir que vos también querés mi mano, para sentir que no todas mis palabras caen al vacío. De verdad, no necesito demasiado, tu mano, una mirada, no mucho más.
Voy a quedarme quieta, inmóvil, un instante, y voy a pensar que el mundo también se quedó quieto. Que el tiempo se quedó corriendo solo, y que yo salgo a buscarte. Y que estás ahí, inmóvil también, y me recibís, porque de verdad estás, porque nunca estuviste tanto como en esa cuadra, aunque no hubiera sido nada verdaderamente especial. Mi mano tenía tu mano, tu mano tenía mi mundo aunque ninguno de los dos lo supiera, pero lo tuvo solo una cuadra.
algo así como
cosas,
decantando,
historias,
sueños
martes, 20 de diciembre de 2011
Fanatía
Él era fan de los puntos suspensivos,
yo era fan de él.
En vano era su fan,
pero era suya.
yo era fan de él.
En vano era su fan,
pero era suya.
miércoles, 23 de noviembre de 2011
De que cosas pienso acerca de mi
No me vengan con boludeces. Ni optimista, ni alegre, ni ilusa, ni que ocho cuartos. Bueno, ilusa sí, pero a ninguno de ustedes le interesa como soy, ni siquiera lo saben aunque se atribuyan conocerme. A mi no me importa que lo sepan tampoco, si no saben por algo será.
¿Para que carajo me busca la gente si lo que tenga para ofrecerles no va a servir para una mierda? Estoy cansada del "bueno pero vos porque tal cosa", "vos porque tal otra", "vos porque te va bien", "vos porque sí". ¡Cállense! ¡No me hablen! No me banco que la gente me hable acerca de mi, vayanse a hacer sociales con otro, no tengo nada que les sirva, no me hagan creer que sí, chau.. Yo porque nada, no me sale todo bien, NO!
Me estoy por recibir y no me emociona. Mi trabajo no tiene NADA que ver con mi carrera, y me cago en que trabajo 4 horas y cobro mucho más de lo que mi labor amerita. Me va como el orto en cuestiones afectivas, siempre. Me quedo dormida siempre y en todos lados. Soy más desorganizada que todos los miembros de la Asociación de Sujetos Desorganizados, juntos. Apruebo sin estudiar, pero también desapruebo y mis notas son una mierda, además tengo que hacer el doble de esfuerzo para dar un final por no haber hecho un carajo antes. Dejo todo por la mitad, pero todo. Y, no se que carajo voy a hacer ahora que termine la carrera y siga siendo tan yo y tan poco licenciada, como siempre.
¿Ven? ¿Ven cuántas cosas me salen mal y me molestan? Podría seguir enumerando. Mi sonrisa, si quieren decir que siempre tengo una sonrisa, aunque disiento, se debe a que me cago en todo eso. Estoy viva, y me basta para no padecer sin parar. Y sí, me cago en todo porque creo que soy lo menos. Sobre todo me cago en que cada vez que intento transmitirle algo de mi a alguien, termino quedando como una autodeclarada super heorina insoportable y provoco que lo único que quieran los demás sea sacarme de su vista y tengan algo de compasión para conmigo; por lo mal que me sale todo y lo mucho que, aparentemente, le sonrío a la vida. Ponele que yo la paso tan mal como vos, pero ocupo el espacio de mi cabeza con cosas mejores, menos relevantes, pero menos insufribles también.
Olvídese cualquier persona, empezando ahora, de osar hablarme de mi optimismo, mi sonrisa, mi alegría y todas esas forradas a las que no soporto poseer. La vida es una mierda pero vamos a hacer que sea linda, como sea, aunque no sepamos nada, aunque hagamos todo mal, todo el tiempo. Si al final nada de todo esto es importante de verdad, ¿Qué carajo nos queda sino?
Que asco, que optimista y fracasada soy. Viva la vida.
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